El otro lado de los cuentos…

Esta actividad -tan de moda en otros tiempos y erróneamente arrinconada por muchos padres modernos- está recobrando nuevos bríos y no precisamente gracias a obras como la citada de Cashdan -a pesar de ser más accesible que la de Bettelheim-, sino al libro Cuentos para antes de ir a dormir (2004), de la psicóloga y pedagoga Montse Domènech y del neurólogo Eduard Estivill, director de la Unidad de Alteraciones del Sueño del Instituto Dexeus (Barcelona) y autor del best-seller Duérmete niño. Parte del interés del libro Cuentos no radica sólo en las historias que proponen sus autores para ayudar a los niños a superar traumas, dudas, dificultades y angustias, sino también en las fórmulas sencillas que aporta para que los niños tengan un sueño apacible y se vayan a la cama contentos y tranquilos, sin pataletas. Así se les ayuda a adquirir autonomía y madurez a medida que van creciendo, además de favorecer que se relajen y les resulte más fácil conciliar el sueño. Para obtener el máximo beneficio de la cuentoterapia es preciso que los niños sigan determinadas prácticas rutinarias que en poco tiempo terminan por convertirse en hábitos.

Rutinas esenciales

“Nuestro método se basa, sencillamente, en seguir una serie de rutinas y transmitir afecto mientras las aplicamos… Son básicamente tres: hábito de comer correctamente (cena), hábito de la comunicación afectiva (estado de relajación previo al sueño), y unas pautas de conducta adecuadas para enseñar a dormir correctamente a nuestro hijo”, explican Domènech y Estivill en su libro.

El momento idóneo para cultivar el “hábito de la afectividad” con la lectura de un cuento es justo después de cenar y, contrariamente a lo que muchos padres practican, hacerlo antes de que el niño se haya acostado. Para tal fin se buscará un sitio tranquilo, sin televisor ni ruido alrededor: “La hora de contar cuentos es una hora de afecto que ningún libro impreso, ni la televisión, ni Internet, ni las películas por sí mismas pueden sustituir”, señala Domènech.

La psicóloga opina que un cuento al día, durante unos veinte minutos, será suficiente para que el niño se sienta querido y reposado, pero debe evitarse que se duerma porque si se despierta reclamará el cuento para volver a dormirse.

El novelista y autor de cuentos Gustavo Martín Garzo señala por su parte que “los cuentos ofrecen al niño un cobijo, pero sin impedirle la contemplación de la realidad contradictoria y desnuda. Por eso los psicoanalistas los aconsejan. Según ellos, en los cuentos de hadas se dramatizan los conflictos básicos del ser humano, en su fase de crecimiento, y ésta es la razón de que los niños deban escucharlos. Gracias a ellos verán reflejados los grandes dramas de su corazón y aprenderán estrategias para superarlos”.

En cuanto al tipo de cuentos que conviene leer a los pequeños, hay tanto donde elegir que crecerán mucho antes de haberlos agotado todos. Entre los favoritos siempre estarán los tradicionales con su cohorte de magos, reyes, brujas, sabios, ogros, hadas, príncipes, princesas y animalillos del bosque. Estos personajes también interesan a los adultos, ya que -como apunta el escritor y editor Julio Peradejordi-, “son como arquetipos de partes o aspectos de nosotros mismos que están dormidos esperando despertar. Al contrario de lo que suele creerse, los cuentos de verdad no están hechos para ayudar a los niños a dormir, sino para ayudarnos a despertar, para ayudarnos a recordar”.

Los cuentos no siempre son para los niños

Cuentos para mayores

Para los adultos que de niños no aprendieron las estrategias para superar dramas y conflictos, también hay cuentos específicos que les permitirán seguir creciendo y aprendiendo. Así son los recientemente publicados por José María Doria, Cuentos para aprender a aprender (2004), donde ofrece material sufí, hindú y zen. Los cuentos seleccionados constituyen lo que Doria denomina “patrimonio ético de la humanidad” porque señalan las luces y sombras de la condición humana hacia la libertad: “La particular moraleja que contienen los presentes relatos me permite convertirlos en verdaderos ‘despertadores’ de la capacidad de aprender y ‘darse cuenta’. Son narraciones sencillas, episodios siempre actuales que desvelan el alma de aquel que los sintoniza”, explica Doria.

Las reflexiones que acompañan a cada uno de esos cuentos establecen nexos de unión con nuestra realidad cotidiana convirtiéndose así en una inestimable ayuda para reforzar la mente, hacerla más lúcida y próspera, y también suponen una guía para educadores que buscan elementos de maduración como objeto de aprendizaje. No en vano, cada vez hay más educadores y terapeutas que, haciéndose eco del trabajo iniciado hace años por los franceses Edouard Brasey y Jean Pascal Debailleul con su “Taller de cuentos”, pero también de la denominada “psicoterapia del inconsciente”, desarrollada por Alejandro Jododowsky (psicomagia), y Claudio Naranjo (el niño y el héroe), entre otros, han optado por poner en práctica la cuentoterapia para adultos con la finalidad de sacar a la luz los aspectos más auténticos y oscuros de sí mismos y de este modo ayudarles a sanar el inconsciente. Así, por ejemplo, en los talleres de “Cuentos para sanar” que imparten los psicólogos Lorenzo A. Hernández Pallares y María García Rodríguez se enseña a decodificar el lenguaje mágico simbólico de los cuentos, a bucear en el inconsciente mediante el movimiento y la dramatización. Con los conocimientos adquiridos se puede desentrañar el “propio cuento vital”, reelaborarlo y sanarlo: “Los cuentos son útiles para todas las personas que quieran conocerse y aprender qué claves ha dejado la humanidad para solucionar temas tan vitales como el poder, la autoridad, las pérdidas, la envidia, la muerte, la enfermedad, las relaciones padres-hijos, las relaciones fraternas, la identidad sexual, el miedo, los complejos…”, explica Hernández Pallares.

En los citados talleres de cuentos -en general dirigidos a profesionales o a grupos de crecimiento personal- se explica la historia de los cuentos, las teorías al respecto, las colecciones de cuentos de diferentes lugares del mundo, los cuentos patriarcales y matriarcales, así como el significado de los símbolos y arquetipos. La parte más práctica reside en la escenificación de un cuento elegido que los participantes interpretan en vivo. Los paralelismos que se establecen entre la vida de éstos y los personajes del cuento permiten sacar a la luz muchos aspectos de la sombra individual que permanecían ocultos. En definitiva, “nos ofrecen mensajes que todos necesitamos sobre cómo conocernos, curarnos, vivir más felices y seguir nuestro camino”, concluye Hernández Pallares.

No siempre es fácil reconocer ese camino, pero los cuentos ayudan precisamente a superar los escollos y a encontrar los tesoros que hay al final del mismo: “Los cuentos de hadas incitan al niño/a (y al adulto/a) a creer en lo aparentemente imposible, enseñando que existe una forma más evolucionada, exitosa y abundante de vida si se superan los escollos que hace falta atravesar para alcanzarla. Los tesoros hay que conquistarlos”, dice la psicóloga transpersonal Raquel Torrent, entusiasta de los cuentos en su trabajo terapéutico por su simbolismo y valores analógicos.

La búsqueda de esos “tesoros” que menciona Torrent se inicia mediante la aventura arquetípica-psicológica y simbólica de las personas que se apuntan a esos talleres de cuentos. Cuando los encuentran pueden hablar de un renacer, tal vez de una conquista sobre ellos mismos tras aprender a incorporar valores nuevos a su acervo moral. Tal como apunta Peradejordi en su Cuentos de reyes, magos, princesas y luciérnagas (Gaia, 2003), “el cuento nos ayuda en esta travesía que es la vida. Una travesía que nos ha de llevar desde el olvido al buen puerto del recuerdo”. ¿Qué mejor forma de recordar las claves del buen vivir que hemos olvidado que revisando cuentos?

De: Isabela Herranz.


Etiquetas:

Deja un comentario.