El sueño profético de Mendeliev

De gran cultura y extremadamente introvertido era un tipo meticuloso, serio y con gran disciplina en todo lo que hacía. Estudiaba hasta caer extenuado y no creía en la inspiración, desechaba tal palabra… Se reía de los descubrimientos “serendípicos” y sólo confiaba en el esfuerzo humano.

Pero la vida iba a darle una lección importante a Dimitri Mendeliev. Con 26 años se encontraba enfrascado tratando de ordenar todos los elementos conocidos de la Química. A través de sus fichas iba colocando y disponiéndolos de diferentes formas en función de las propiedades del elemento con su correspondiente número atómico.

Todos aquellos elementos parecían no tener orden, la Naturaleza los había creado y no tenían por que tener una relación, sin embargo el científico ruso creía que se podía hacer algo con ellas y que podía haber un orden oculto, secreto.

Llevaba meses intentándolo infructuosamente, el agotamiento se iba apoderando de él, una tarde no pudo más y se recostó en su sillón, el sueño lo fue envolviendo y comenzó a soñar con los símbolos de todos los elementos que tenía dispuestos en aquellas fichas… Después se proyectaban sobre un lienzo blanco, en filas y columnas, con un orden onírico… Mendeliev despertó, sudoroso, no creía lo que había soñado y raudo se dirigió a su pizarra a reproducir aquel sueño antes de que se le olvidara.

Comenzó a garabatear todos los símbolos en su pizarra tal y como había soñado y no creía lo que estaba viendo: ¡aquel orden onírico era el orden real de aquellos elementos químicos! ¡Había encontrado el orden secreto! Pero además de eso, con el orden correcto pudo calcular su peso atómico y dejar los huecos de otros elementos que aún no habían sido descubiertos pero que según la tabla debían de existir, como luego, con el paso de los años, se fue descubriendo y sustituyendo aquellos huecos por el nuevo elemento… No era magia, era Ciencia lograda gracias a un sueño.

Mendeliev seguía diciendo que no creía en las leyes del azar pero desde aquel día algo en su interior le decía que eran posibles… En él un claro ejemplo.


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