Los sorprendentes Moai de la Isla de Pascua

En la tarde del Domingo de Pascua de 1722 la isla fue descubierta por una expedición encabezada por el marino holandés Jacob Roggeveen, y de ahí que tomara el nombre por la cual la conocemos, al haber sido descubierta ese día. Años más tarde, en 1770, los españoles, al mando de Felipe G. Ahedo, desembarcaron en la isla, tomando posesión de ella y denominándola San Carlos, en honor del Rey de España. Pero con el tiempo de nuevo fue llamada isla de Pascua.

Cuatro años más tarde, en 1774, el marino británico James Cook estuvo en la isla, hallando restos de antiguos pobladores de la misma en forma de aldeas de piedra, caminos pavimentados, construcciones, etc. Sin duda, por el tipo de restos, se había tratado de pobladores muy avanzados e inteligentes.

Según algunos expertos, los primeros pobladores de la isla fueron navegantes enviados por Ptolomeo III, el faraón egipcio. Otros analistas aseguran que Pascua fue poblada por polinesos que venían de Asia en el siglo V. Otra teoría es la de aquellos que defienden que sobre el siglo IV llegó a la isla el rey Hotu-Matua con su tribu, que estaban acostumbrados a esculpir la piedra. Asimismo, el astrólogo francés Dom Neroman sostenía que una civilización de origen hindú era la que había poblado la isla, y que dichas personas tenían conocimientos acerca de los secretos del Cosmos.

Pero la explicación que parece tener más fuerza es la que expone el investigador Thor Heyerdahl. Según éste, a la isla llegaron blancos caucásicos que habían sido los constructores de Tiahuanaco, en los Andes, a 3.800 metros de altura, desde donde viajarían a Pascua, erigiendo las colosales estatuas de cabezas humanas, que representarían a sus antepasados caucásicos. En esta expedición el antropólogo noruego descubrió una especie de observatorio solar, que estaba situado en el volcán Rano Raraku. Allí se hallaron decenas de estatuas, todas de similares características.

276 estatuas vigilan en las laderas de dicho volcán, 300 están derribadas sobre los acantilados de la isla, otras diseminadas a lo largo de antiguas veredas, y 80 quedaron inconclusas. Algunas, que tienen los ojos abiertos y miran hacia la tierra, tienen un cilindro en la cabeza a modo de sombrero, se supone que extraídos del cráter del volcán Rano Roi. Generalmente alcanzan los 10 metros de altura y pesan unas 20 toneladas.

Las de la ladera del volcán Rano Raraku tienen las narices apuntando hacia arriba y parece que hacen burla con sus labios. No tienen ojos y parece que tuvieran unas orejas con lóbulos muy largos. La cabeza más pequeña mide 3 metros, y la más grande, 22.

En lo que sí coinciden los expertos es en la sorprendente capacidad de la antigua población de la isla de Pascua, uno de los sitios más remotos y alejados del mundo -y declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1995-, para con, poco menos de cuatro mil habitantes, tener la complejidad cultural, la política tan capaz de organizar obras públicas, o un sacerdocio organizado, entre otras cosas, que se escapan a la lógica de estos investigadores.

Por ello, muchas personas se han aventurado a decir que esta civilización la formaban seres venidos de un mundo exterior a la Tierra, y que incluso esas cabezas gigantescas o moai tienen un poder sobrenatural. De hecho, una extendida leyenda local cuenta que una vez al año, el sol entraba hasta el interior de estas enormes figuras y, dándoles vida, iban hasta el lugar asignado. Por eso si se les pregunta a la gente de la isla de Pascua que cómo llegaron las cabezas a un lugar determinado, responden “a pie”. Aunque hay otros muchos que piensan que fueron llevadas por naves extrañas que venían del cielo.

De lo que no cabe duda es de que estos moais son uno de los misterios más insondables de la humandidad, ya que no se entiende cómo seres humanos pudieron haber movido esas gigantescas figuras de piedra hacia el lugar deseado, o dónde pudieron encontrar esos colosales trozos de piedra para poder pulirlos y darles la forma deseada.


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