El misterio de la tumba de Alarico



Pero las leyes de la mala suerte conspiraron contra el rey y una terrible tempestad frenó sus deseos de expansión… Y una simple picadura de mosquito frenó su vida… Falleció en Cosenza víctima de la malaria tras pasar varios días entre tremendas fiebres y convulsiones.

Sus generales pensaron que su cadáver jamás debería caer en manos de aquel pueblo invadido, podrían profanar sus restos y su descanso eterno, y como si de Alejandro Magno se tratara decidieron honrar y esconder su cuerpo.

Miles de esclavos trabajaron duramente en las orillas del río Busento para desviar su cauce. Realizaron una gran obra y en el espacio resultante practicaron una fosa para acoger a Alarico, una vez introducido en ella se hizo una gran  ceremonia fúnebre, se acompañó el cuerpo de Alarico por un fastuoso tesoro y luego se cubrió el lugar. Hecho esto se ordenó destruir el muro que retenía el agua para que el río retomara su cauce… Posteriormente los soldados mataron a todos los esclavos que habían trabajado en la construcción de aquella obra y sabían la ubicación de la tumba de Alarico.

Y el último lugar de descanso del rey Alarico es, hoy día, un misterio.

A Alarico lo sustituyó el príncipe Ataúlfo. Había que conducir a los valerosos guerreros visigodos y necesitaban a un nuevo caudillo, y así el príncipe pasó a ser rey. Y atrás quedó el cuerpo de Alarico con su tesoro.

En las proximidades de la localidad de Cosenza está su cuerpo, cerca del río Busento. Han pasado más de quince siglos desde su muerte, desde que se le enterró y aún no ha sido hallado. En esta localidad italiana podremos encontrar un puente que se llama “Puente de Alarico”, cerca de las iglesias de San Doménico y San Francisco de Paula… Allí, en ese mismo lugar, bajo en agua, a varios metros de profundidad, se cree que se encuentra el  último lugar de descanso de mejor de los reyes godos, el rey Alarico.

Información adicional:

La tumba del último rey godo

Tan viejo como el hombre, es su preocupación por encontrar un lugar donde sus restos puedan descansar en paz, sin que su cuerpo ni sus pertenencias sean profanados. Existen innumerables ejemplos de esto, como emperadores Chinos que se fabrican un ejército que les acompañe al más allá, Faraones que levantan monumentales y laberínticas tumbas o la del viejo señor de Sipan en Perú, enterrado con parte de su séquito.

Pero entre estos espectaculares enterramientos, merece una mención especial el modo y el lugar en que fue enterrado uno de los Reyes godos más poderosos que han existido. Tanto, que fue el “bárbaro” que acabó de dar la puntilla a un decadente imperio Romano. Se trata de Alarico I (375-410 d.C.)
En principio, Alarico fue un rey sin más pretensiones, que dar una buena tierra donde poder asentar a un pueblo de naturaleza nómada. Llegó a ser incluso aliado de los romanos y luchó a su lado en varias ocasiones, pero varios despechos romanos y sobre todo, la total falta de tacto del emperador Honorio , le llevaron (casi sin querer) a conquistar gran parte de la península itálica, llegando incluso a asediar la ciudad más poderosa del mundo, Roma.

En las puertas de la ciudad, Alarico dio de nuevo un oportunidad a la negociación. Exigió un fuerte rescate (5.000 libras de oro, 30.000 de plata, 3.000 de pimienta y 4.000 piezas de seda) que le fue pagado sin rechistar. Pero a la hora de negociar unas tierras donde asentarse con su pueblo, otra vez la ineptitud del emperador Honorio logró que Alarico se enfadara, esta vez de verdad, entrando y saqueando, por primera vez, la todopoderosa ciudad de Roma.

La ciudad fue saqueada durante seis días seguidos, aunque Alarico tuvo el buen juicio de ordenar que no se destruyera ningún edificio emblemático, monumento ni templo cristiano. A pesar de todo Roma fue literalmente vaciada y de ella salieron una cantidad ingente de tesoros, algunos tan emblemáticos como el menorah, un gran candelabro típico judío de oro macizo o la mesa del rey Salomón. (NOTA: Hay una leyenda que cuenta que la mesa de Salomón, cubierta de oro puro, se encuentra aún oculta en algún lugar de Toledo, llevada a la ciudad cuando esta fue capital del reino godo en Hispania)
Pero a lo que iba… lo de la tumba. Fue en el 410, cuando una malaria acabó con la vida de este carismático rey. Cuando falleció se encontraba en Cosenza, al sur de Italia y sus generales no podían permitir que su cuerpo fuera profanado por manos Romanas, así que decidieron emprender una obra faraónica.

El lugar elegido fue el río Busento que pasa por Cosenza. Pusieron a trabajar a miles de hombres para construir un enorme muro que desviara el curso del río.

Finalizado esto, sus oficiales más cercanos depositaron el cuerpo, junto a un tesoro de valor desconocido pero incalculable, en un sepulcro excavado en el lecho del río. Acabado el ritual, se destruyó el muro que contenía las aguas y el cauce del río ocupó de nuevo su cauce natural, dejando la tumba bajo la corriente de miles de litros de agua. Finalmente mataron a todos los trabajadores y a todos aquellos que pudieran desvelar el lugar del enterramiento.

El río Busento a su paso por Cosenza. La historia de este enterramiento se da por cierta, por lo que se supone que el colosal tesoro de Alarico, se encuentra en algún lugar del curso del río Busento. Una mínima muestra de lo que se puede encontrar es la foto de la fíbula de oro que se cree procede del saqueo de Roma. Solamente hay que secar el cauce y excavar todo el lecho del río. A la muerte de Alarico, le sucedió en su puesto Ataulfo, quien se convertirá en el primer rey godo de Hispania.


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