Joanna de Riu: la bruja de Andorra



No obstante, además de las típicas acusaciones que se le hicieron, como envenenar el ganado o la comida, tener muñecos con agujas (que en ese caso resultaron ser pollitos de cera), y de las consabidas relaciones carnales con el Diablo, se acusó a Joanna de un hecho que, fuera cual fuera su naturaleza, tenía algo de real.

Un hombre del pueblo llevó a Joanna su hijo enfermo, ya que por lo visto Joanna tenía la capacidad de curar enfermos (curioso dato a apuntar en el tema de la antropología). Desgraciadamente, se explica que después de hacer un preparado de hierbas cogidas la noche de San Juan, Joanna procedió a curarlo, pero el chico murió al instante. Puede que por venganza (lo más probable), pero con cierto matiz de realidad, Joanna tenía conocimientos de “pseudo-medicina”, y era conocida por ello en el pueblo.

Otras acusaciones con menos fundamento, que casi sin duda surgieron a partir de la locura brujeril, incluyeron el hecho de haber visto a Joanna con un sapo en las rodillas (en Cataluña relacionados estrechamente con las brujas), así como la acusación particular de una vecina, que la culpó de haber cocinado queso fresco envenenado.

Todas esas “pruebas”, por muy negadas que fueran por Joanna, eran suficientes para llevar a Joanna a horribles sesiones de tortura, y finalmente, el año 1540, ataron a Joanna encima de un banco con los pies descalzos ante una hoguera, que iba quemándole los pies. Joanna confesó todo y más. Su muerte se perdió en la historia.


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