La Catedral del Mar

La Barcelona medieval en tiempos de la construcción del templo de Santa María del Mar en un tiempo convulsionado por las rebeliones contra las injusticias y feudales, el antijudaísmo, los conflictos dinásticos y la férrea represión inquisitorial.

Este templo es obra del arquitecto Berenguer de Montagut, y la primera piedra fue colocada como coronación de la conquista de Cerdeña, que completaba el dominio catalán en el Mediterráneo, iniciado cien años antes con la conquista de Mallorca, y que llegó a su total expansión con la entrada de Sicilia y Grecia en los dominios de la Casa de Barcelona.Sus espacios interiores son no menos que fantásticos, con vitrales y ventanales de una belleza increíble, toda una experiencia visual.

Sus imponentes columnas adornan los increíbles vacíos que forman sus techos, una verdadera obra maestra.En sus fachadas se perciben detalles marcadamente góticos y la luz interior es bastante particular.

Una de sus características más increibles es la acústica que se percibe en su interior, por lo que escuchar una coral o cualquier concierto con instrumentos es una maravilla para los oídos.

La energía que nos brinda esta maravillosa iglesia de Santa María del Mar ilumina nuestro interior, nos ayuda a definir emociones, pensamientos, recuerdos…Podríamos decir que el aspecto yin o femenino del Sol, queda resonando entre sus paredes, esperando que lo aprovechen aquellos que saben “leer”.

En Santa María del Mar, y en relación a la luz, se hace patente la máxima hermética como es afuera, así es adentro, no en vano fue usado por los caballeros para velar sus armas.Seguiremos las pautas que nos da la simbología de las diferentes capillas y vitrales para interpretar y aprovechar la energía que nos ofrece el templo, un recorrido que nos abre una ventana a otra dimensión.

No dejará de sorprender al viajero, cuando al traspasar sus muros, compruebe la formidable altura que alcanza su nave central y las impresionantes columnas octogonales, que posee; además del sugestivo rosetón, con una claraboya flamígera del S. XV que no es la original, porque esta fue destruida en el terremoto del 2 de febrero de 1428, que asoló la ciudad.Por la igualdad de sus naves y por la separación entre los pilares, de 15 metros, no tiene igual en toda Europa.

No dejará de sorprender al viajero, cuando al traspasar sus muros, compruebe la formidable altura que alcanza su nave central y las impresionantes columnas octogonales, que posee; además del sugestivo rosetón, con una claraboya flamígera del S. XV que no es la original, porque esta fue destruida en el terremoto del 2 de febrero de 1428, que asoló la ciudad.Santa María del Mar, es un prodigio de las Matemáticas y de la Geometría Sagrada.

Toda la iglesia es un juego numérico perfecto, nada es azar, todo está calculado hasta el mínimo detalle en su simbología. En este edificio singular todo conforma un puzzle perfecto, donde cada pieza encaja, y lo que dibuja es un cuadrado perfecto que podemos inscribir en una circunferencia.

Uno de los secretos mejor guardados de los maestros canteros era precisamente lograr lo que podemos hacer en este edificio: dividir la anchura total de la Iglesia en en 10 partes iguales.

La anchura del espacio que ocupan la nave central y las laterales juntas, es decir, ocho de estas partes, equivale a la altura de las naves laterales, mientras que la mitad de este radio determina la altura de las capillas laterales. Un radio de cinco partes determina la altura de la línea de impostas, donde nacen las bóvedas, situándose, a la mitad de la altura del edificio.La razón de este juego matemático, que consigue esta simetría que dota a la Iglesia de espacio único, es la simbología.

Recomendamos al visitante, que antes de emprender la visita, lea la obra, de D. Antonio Galera: “Los soldados del cordero”, donde fundamenta la semejanza que existe entre el Apocalipsis de San Juan y el régimen interior de los Pobres Soldados de Cristo. Y es que uno de los motivos por el que esta iglesia tiene esta simetría y esta sensación de espacio único está en la simbología.

En el Apocalipsis de San Juan, se describe la ciudad de Dios, la Jerusalén Celeste. Como una ciudad perfecta en número y realizada gemas que representaban a las 12 tribus de Israel.La nueva Jerusalem desciende de los cielos y reaparece aquí, entonces, el Paraíso terrestre. La “rueda de los tiempos” vuelve a girar, de modo que si al final de un ciclo se realiza la “cuadratura del círculo…


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