Los misterios de la Catedral de Sevilla

 

La catedral se consagra en 1506, siendo arzobispo de Sevilla don Diego de Deza:

“En sabado 10 días del sobredicho mes otubre del sobre dicho año de 1506 años, se serro el symboryo de esta Santa Iglesia, entre las once e las doze del dia; e pusieron la piedra postrera el Sr. D. Juan de Guzman Duque de Medina Sidonia e Don Fadrique Enriquez e Don Fernando de la Torre Dean de esta Sta. Iglia e yo Luis Hordoñes, canonigo de la dicha iglesia.

El qual celebre este dia sobredicho estos sobredichos señores con el Cabildo subieron a la obra alta todos e dixeron en acabando de poner la piedra te deus laudamus e quedo en el Antigua donde se dixo la misa el arçobispo don Diego de Deça arçobispo desta Sta Iglia e no subio alla por ser muncho viejo.

Fisieranse muchas alegrias en esta Sta Iglia e cybdad syno (fuera) porque auya seys o siete dias que auya venido nueva commo esta muerto el rey don Phillipe rey de Castylla, marido de la reyna Dª Juana reyna de Castilla lejitima heredera”.

 

Al término de su construcción, la archidiócesis de Sevilla poseía un templo que ocupaba nada más y nada menos que 23.457 metros cuadrados rodeado por 157 columnas con sus cadenas, el mayor templo de la cristiandad hasta que se construyera San Pedro de Roma (1506 – 1626) y San Pablo de Londres (1676 – 1710).

 

Hasta aquí una introducción “exotérica” de la catedral que se puede encontrar en cualquier guía de Sevilla. Nos adentramos en la parte más esotérica del templo metropolitano de Sevilla. Un ejercicio de desencriptar señales, signos, símbolos y toda la sintaxis de un idioma que estaba sólo al alcance de unos pocos, de los llamados iniciados.

 

Un  lenguaje reservado a iniciados

 

El iniciado era poseedor de un saber hermético que se transmitía (¿o transmite?) en sociedades secretas. Más que poseedor, el iniciado estaba en camino, estaba siguiendo lo que se conoce como un “proceso iniciático“ de duración indeterminada pero extensa en cualquier caso y que finalizaba con una ceremonia dependiendo de cada sociedad. Tras esta ceremonia más o menos secreta y llena de simbología, el iniciado ascendía de categoría dentro de la sociedad prometiendo fidelidad sin límites a la organización y silencio en cuanto a los conocimientos adquiridos. El saber de las sociedades sólo podían ser desvelados a quienes reunieran los requisitos necesarios para entrar en ella “Cuando el alumno está preparado, llega el maestro”

 

 

Kabala, tarot, alquimia, astrología, numerología… son algunos de los conocimientos que debía saber interpretar el iniciado. La combinación de todas estas disciplinas, abre para el iniciado todo un universo interpretativo donde el profano o el no-iniciado no ve más allá de lo que le muestran sus ojos. La etimología de la palabra “iniciado” viene del latín “initiore”, que significa “inspirar”; también se decía “initium” significando: Principio o preparación. Partiendo de esta etimología, un INICIADO o “Mystae” (el que sabe callar), era toda persona que previa preparación, se disponía a recibir un nuevo y más amplio conocimiento de lo que le rodeaba.

El Iniciado era instruido en los postulados de la filosofía hermética, le eran reveladas las respuestas a las cuestiones trascendentales, como: ¿Quiénes somos?… ¿De donde venimos?… ¿Hacia donde vamos?, llegando posteriormente a conocer las Leyes Fundamentales por las cuales se rige el universo y las complejas e infinitas correlaciones que existen entre el macrocosmos y el microcosmos.

Aprendía a vivir en consonancia con la armonía universal, logrando así la transmutación buscada por los verdaderos alquimistas: convertir un individuo común en un ser superior.

 

Tratándose de una catedral, inmediatamente tenemos que relacionarlo con las agrupaciones de albañiles (maçons en francés) constructores de palacios y catedrales. Eran y se consideraban depositarios de antiguos secretos como la antigua geometría esotérica de Pitágoras. En cualquier caso eran muchas las agrupaciones profesionales o Hermandades que poseían signos de reconocimientos entre sus miembros, ritos iniciáticos de afiliación y tradiciones que llegan casi a los albores de la propia humanidad. Los miembros de alguna de estas sociedades secretas incluso, se consideraban herederos de un saber transmitido por los propios atlantes a través de los egipcios.

 

En el antiguo Egipto, fue donde más se desenvolvieron las Escuelas de Los Misterios, las que tenían por objeto aparte de su ritual externo, incorporar a las Logias secretas donde se practicaba la filosofía hermética, a lo mejor de la juventud intelectual, la que una vez iniciada, quedaba ligada a la Logia mediante terribles juramentos y sanciones, de las cuales perder la vida era una de las más suaves. Un último apunto etimológico. Hermetismo viene de Hermes, Hermes, el Gran Iniciado, vivió en Egipto en la más remota antigüedad y fue conocido bajo el nombre de Hermes Trismegisto (o 3 veces grande). Como todo gran hombre su historia se confunde con la leyenda, se le considera el padre de la sabiduría, el fundador de la astrología y descubridor de la alquimia, se ha dicho que fue contemporáneo de las más antiguas dinastías de Egipto, mucho antes que Moisés. Las autoridades en la materia lo creen contemporáneo de Abraham y algunas de las tradiciones judías afirman que Abraham obtuvo mucho de sus conocimientos del mismo Hermes. Mucho después de su muerte, los egipcios lo deificaron bajo el nombre de Toth, dios principal del Panteón egipcio, personificando la inteligencia divina que presidiera la creación disipando las tinieblas. Posteriormente, los griegos también hicieron de él uno de sus dioses “Hermes el dios de la sabiduría”. Una vez sentadas estas bases, es el momento de iniciar nuestro recorrido por la catedral de Sevilla.

 

Las puertas de la catedral

 

Las puertas principales de la catedral son las siguientes:

 

1.- San Cristóbal (Puerta del Príncipe)

2.- Concepción.

3.- Nacimiento o San Miguel.

4.- Epifanía o Puerta de los Palos.

5.- Puerta del Bautismo

6.- Puerta de la entrada en Jerusalén o Puerta de Campanillas

7.- Puerta de la Ascensión.

 

Siete (7) puertas. Siete son también los agujeros de la cabeza (dos ojos, dos oídos, dos fosas nasales y una boca) que conecta la parte del cuerpo humano que nos capacita para saber que (el cerebro) con el exterior. Siete formas de entrar al gran almacén de la sabiduría. Siete son los días de la semana; los días de cada ciclo lunar; las etapas de la vida del hombre se dividen en estadios de siete años; siete son las peticiones del PadreNuestro; siete los pasos que según la alquimia son necesarios para lograr la Gran Obra (calcinación, disolución, separación, unión, fermentación, destilación, coagulación); siete son los chakras del cuerpo…

 

Como vemos el número siete tiene muchos valores cabalísticos ¿casualidad que la Catedral de Sevilla se construyera con siete puertas? En cuanto al número de puertas hay más. Si a las siete principales sumamos las dos secundarias que son las del Lagarto (¿o quizás se trata de un cocodrilo como reminiscencia de la conexión con el antiguo Egipto y el Nilo?) y las del Sagrario, suman nueve puertas. En la numerología cabalística, el nueve (9) es el número de la obra concluida, es un número que implica el fin de un periodo u obra y el comienzo de otra.

 

Hasta ahí el lenguaje que podemos encontrar tras los cabalísticos números de las puertas pero podemos dar un paso más en cuanto a las puertas de la catedral. Ahora nos fijaremos en su ubicación. Seguiremos dos itinerarios distintos.

 

  • El primero siguiendo un orden cronológico inspirado en la existencia terrena de Jesús. El recorrido lo iniciamos en la puerta de San Cristóbal. El trae al mundo la luz, es el portador del Cristo niño. Nos dirigiremos a la puerta de la Concepción que hace humano al Señor. De la puerta de la Concepción a la puerta del Nacimiento, de la del Nacimiento a la adoración de los Reyes Magos, de ésta a la del Bautismo y del Bautismo a la entrada en Jerusalén. Si este itinerario lo hubiéramos realizado con los pies llenos de pintura, en el suelo veríamos dibujado algo más o menos parecido a un Pentateuco, una estrella de cinco puntas. No es una estrella perfecta pero es que la catedral tiene una desviación de 4º en su orientación Norte-Sur.

 

  • El segundo itinerario con las puertas como protagonistas supondría un auténtico mapa del camino a recorrer para que le persona evolucione hacia la sabiduría con mayúscula. Este itinerario nos obliga a pasar por el centro mismo de la Catedral, el Altar Mayor y concretamente al pie del Cristo del Millón del siglo XIII que lo corona. Es el sancta sanctorum de la catedral. Iniciamos el nuevo recorrido en la puerta de san Cristóbal. Venimos de la luz, Cristóbal trae la luz del Mundo Superior sobre sus hombros y nos dirigimos a la puerta de la Concepción donde adquiriremos un cuerpo físico. De la Concepción al Nacimiento, después de nacer miramos hacia arriba. Gracias al conocimiento que traemos de nuestro origen “luminoso”, buscamos algo superior, nos elevamos sobre lo grosero y ponemos nuestra mirada en el Cristo del Millón. Subimos nuestros pasos hasta el altar y es entonces cuando descubrimos que sólo imitando a  Jesús en su iniciación podemos iniciar nuestra transformación. Esa iniciación no es otra que el Bautismo de agua purificadora. Bajamos pues hasta la puerta del Bautismo y una vez Bautizados estamos en condiciones de volver a la luz, al conocimiento superior, volvemos entonces a la puerta de San Cristóbal. Si desde la Giralda alguien nos mirara por un techo transparente descubriría un perfecto Pentateuco (con la punta central hacia arriba) sobre la planta de la Catedral. Posiblemente no hayamos estado atentos pero durante este paseo, hemos dejado atrás 18 columnas (1+ 8 = 9), ciclo terminado. “Fin y comienzo del laborar de todo aquel iniciado que sepa serlo”.

 

 

Tímpanos y jambas de las puertas

 

Vistas desde el exterior podemos distinguir puertas del siglo XV, XVI y XVII (excepto la del Patio de los Naranjos). Las que más nos interesan son las más antiguas. Son las de la fachada oeste cuya construcción coincide con el Cardenal don Juan de Cervantes y con la presencia de Lorenzo Mercadante de Bretaña al servicio del purpurado hispalense. De ambos se conocen su inclinación por el hermetismo y su influencia templaria (el Cardenal Cervantes es natural de Aracena en Huelva, uno de los puntos templarios más importantes en el sur de España).

 

Iniciamos nuestro paseo exterior por las puertas en la puerta de San Miguel o del Nacimiento de Cristo. La puerta esta custodiada por sus correspondiente jambas donde podemos ver a los cuatro evangelistas de los cuales, sólo San Juan mira la escena que sucede en el tímpano. El resto de los evangelistas mira al espectador. Escudriñan con su mirada a la persona que pretende acceder a la catedral. “Cuidado, vas a entrar en un recinto sagrado. A través mí llegarás a Dios” parecen decir invitando al estudio de los evangelios. Miramos ahora el tímpano de la puerta. La escena es el nacimiento de Jesús pero hay algunos detalles que nos llaman poderosamente la atención. La mula y el buey aparecen pero aparecen en una cuadra, lejos del niño Dios poco calor podían dar con su vaho según dice la tradición. ¿Y si el buey fuera el dios Apis de los egipcios encerrado porque el verdadero Dios ya había nacido? Vemos en ese mismo tímpano un tercer personaje junto a José y María. Aparece a la espalda de José y procede como de un pueblo que se ve entre Jose y él. Este personaje trae algo en la mano. No se sabe muy bien qué es pero se dirige sonriente al grupo escultórico formado por la sagrada familia. ¿Y si no fuera la representación del nacimiento? ¿Dónde está el atributo de San José (cayado florecido)?. ¿Y si fuera una representación del proceso alquímico que convierte el plomo en oro y a la persona normal y corriente en persona cercana a la Sabiduría? Desde luego la imagen no es reflejo de lo que narran los Evangelios. ¿Qué quiso dejar allí Leonardo Mercadante de Bretaña?

 

Nos detendremos en otra de las puertas con un tímpano lleno de misterio. Es la puerta de los Palos llamada así porque era donde se almacenaba las maderas empleadas en la reconstrucción de la catedral o puerta de la Epifanía. Los tres magos son las tres religiones que convergen en una misma verdad que es el AMOR. A simple vista son los Reyes Magos adorando al niño dios, hasta ahí todo normal pero ¿qué la pasa a Baltasar? ¿Por qué se resiste a ofrecer lo que lleva en sus manos? Si nos fijamos bien el gesto no es precisamente de oferente. ¿Acaso es portador de un elemento indispensable para la Gran Obra pero que sólo ante el niño dios está dispuesto a liberarlo?

 

De la puerta del Bautismo no destacamos nada pues solo las jambas son del misterioso Mercadante de Bretaña. El tímpano en sí ya es de Pedro Millán. Las jambas podemos ver esculturas de hombres y mujeres santos. Todos hermanos, entre ellos existe una hermandad: Leandro-Isidoro-Florentina-Fulgencio por un lado y por el otro Justa y Rufina. Nos llama la atención que las mujeres porten libros. No era habitual (por no decir imposible) que las mujeres tuvieran acceso a la lectura y a los libros. ¿Qué le quieren decir a quien cruce esas jambas? ¿Acaso que la lectura y el estudio conduce a la Sabiduría y a su vez al bautismo purificador que inicia un proceso transformador para el individuo?

 

Puerta de Campanilla o entrada de Jesús en Jerusalén. Curiosa entrada de Jesús en Jerusalén si tenemos en cuenta que en lugar de por los doce apóstoles va acompañado por los cuatro evangelistas ¿o los cuatro elementos alquímicos naturales -fuego, tierra, aire y agua-? También le acompaña una quinta figura sin identificar. ¿Será la escenificación del nuevo hombre transformado por obra de la alquimia? ¿Será ésta la Quintaesencia tan ansiada por los alquimistas? Veamos más detalles del tímpano. Jesús monta la burra y si nos fijamos en la pata delantera del equino, ésta forma una escuadra perfecta. Ahora nos fijamos en las riendas de la burra, veremos que lo que aparentemente son unas riendas forman un perfecto compás en manos del gran Maestro Jesús. El Gran Arquitecto parece disponer de los elementos indispensables para iniciar la Gran Obra: la escuadra y el compás. Además trae tras de sí los cuatro elementos naturales necesarios más la Quintaesencia Si nos fijamos bien, del propio compás sale un árbol, (vida) y en el árbol se adivina la figura de Zaqueo  quien según los Evangelios se subió a un árbol precisamente para ver mejor el paso de Jesús. A su llegada a Jerusalén, nueve (9) personas lo reciben. Volvemos a encontrarnos con el fin de un ciclo, en esta ocasión, puede tratarse del ciclo mundano de Jesús en la tierra. Entra en Jerusalén, donde morirá crucificado.

 

El resto de las puertas no contienen ningún contenido esotérico digno de destacar. La razón es que todas son posteriores al siglo XVI cuando el Cardenal Juan de Cervantes muere y deja sin protección a su escultor hermético Mercante de Bretaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

San Cristóbal

 

Entramos por la puerta de San Cristóbal. Para ubicarnos, es la que los sevillanos encuentran en la plaza del Triunfo. Estamos en un triángulo tremendamente templario. En un vértice la Virgen de la Antigua, advocación creada por la misma orden del Temple, en otro vértice el cenotafio de Cristóbal Colón presuntamente también vinculado al Temple y en otro vértice un imponente cuadro de San Cristóbal firmado por Pérez de Alessio en 1584, todo un tratado de conocimientos templarios en forma de cuadro.

 

Leemos primero el cuadro en su conjunto. Un San Cristóbal de los pocos que quedan si tenemos en cuenta que el culto a este santo ha tenido altibajos. Desde antiguo existe una leyenda que sitúa a San Cristóbal como gigante cananeo encargado de cruzar un vado a los viajantes. La existencia de puentes no era tan habitual y el oficio de porteador existía en muchas ciudades. Un día, fue un niño quien le pidió que le ayudara a cruzar el río a lo que el gigante accedió comprobando que conforme iba avanzando aquel niño pesaba cada vez más hasta el punto de poner en peligro la estabilidad del propio gigante. Una vez cruzado el río, Ofero preguntó al niño y este le respondió que pesaba tanto porque llevaba en él todos los pecados de la humanidad. Ofero se convierte, el niño lo bautiza y pasa a llamarse Cristóbal que significa “el portador del Cristo”. Esta leyenda siempre ha sido considerada apócrifa y nunca ha tenido un respaldo canónico.

 

Ha pasado de ser uno de los catorce santos encargados de salvar a la humanidad a ser “expulsado” del calendario católico por Pablo VI en Febrero de 1969. La historia de San Cristóbal y su cuestionada existencia es en sí misma un itinerario iniciático. Ofero quiere servir al señor más fuerte y poderoso de la creación. Un brujo le dice que el ser más poderoso es el demonio por lo que Ofero se pone en el camino de búsqueda del demonio. Estando a punto de ponerse al servicio del anticristo, descubre que la cruz es más poderosa que el demonio y que éste tiembla sólo de oír hablar de aquélla por lo que decide ponerse al servicio de la cruz y de quien murió en ella. Todo son leyendas y si bien las iglesias ortodoxas no dudan de la existencia de San Cristóbal, la Iglesia Católica optó por eliminarle del culto canónico en 1969.

 

Volvemos al lienzo y la dirección del personaje. San Cristóbal procede de un espacio donde se puede ver restos de un edificio en ruinas, de allí procede S. Cristóbal, allí inicia su camino. El artista nos dice así que debemos respetar el conocimiento antiguo. Construir sobre los conocimientos ancestrales del Hombre sin despreciar ninguna civilización por antigua o remota que nos parezca. El personaje sale de esa antigua civilización y cruza un río, pasa por agua, se somete a un proceso de purificación representada por el líquido elemento antes de iniciar el ascenso a la montaña. De hecho todavía tiene un pie dentro de la corriente de agua, aún está dentro de ese proceso de purificación y por tanto aún se está iniciando y no como el anciano que lo observa que ya lleva ascendida media montaña. San Cristóbal ha adquirido conocimientos superiores, ha tenido acceso a alguno de los saberes que integran el proceso iniciático. Este “estar en camino” nos lo indican sus rodillas descubiertas. Los personajes que estén realizado por algún artista relacionado con la Gran Obra y que muestren sus rodillas, son personajes que están en camino, deben tener libres las rodillas para seguir avanzando sin problemas ni ataduras.

 

Seguimos en la parte inferior del lienzo y nos detenemos en el pie de San Cristóbal. Si contamos veremos que tiene ¡¡ seis (6)dedos !!. Volvemos a sumar. Seis dedos en cada pie nos indicarían que el que camina o el que lleva al Cristo descansa sobre doce puntos ¿los doce signos del zodiaco? ¿Los doce meses del año? Pero si a los doce de los pies le sumamos los diez de las manos nos da el número veintidós (22) que relaciona la andadura hacia el conocimiento con los 22 arcanos mayores del Tarot, uno de los conocimientos que como ya dijimos era exigible para cualquier iniciado. Los 22 arcanos mayores del tarot suponen toda una lección de sabiduría e intuición cargados de símbolos que hay que descifrar y conocer. El que pretende por tanto ascender a la montaña, debe manejar las enseñanzas contenidas en estas 22 cartas.

 

Un pájaro en la parte inferior del cuadro tiene un billete en el pico donde puede leerse el nombre del artista (Pérez de Alessio) y un año 1584 que suma 9. Obra terminada, fin de un proceso y comienzo de otro.

 

San Cristóbal va apoyado no en un cayado normal sino que lleva en su mano una palmera. Dice la leyenda que su bastón se convirtió en palmera cuando dejo al Niño Jesús al otro lado del río como prueba de que no era un niño cualquiera aquel al que había cruzado. Leyendas aparte y siguiendo con los símbolos contenidos en el cuadro, la palmera nos lleva por un lado a Egipto y por otro nos recuerda la representación del kundalini Explicado rápidamente, el kundalini según las filosofías budistas, tahoistas y los conocimientos  herméticos, sería una energía evolutiva, y según el grado de activación en el individuo, condicionaría su estado de conciencia. Según las religiones orientales, cuando un ser humano llegara al máximo desarrollo y activación de esta energía, conseguiría la iluminación, estado evolutivo en que se trascendería el ego y se desarrollaría la supraconsciencia y el amor universal. También podemos referir cómo la palmera es una planta que significa regeneración por la propia forma en que crece creando su tronco conforme se secan sus hojas.

 

No abandonamos la imagen del santo aún. Detenemos nuestra mirada en su axila derecha. Veremos una extraña ¿costura? Podemos considerar que se trata de una costura en la ropa del gigante o podemos interpretarlo como un símbolo que marque el grado de evolución que el artista tuviera en alguna orden secreta. Es una cruz latina con tres paralelas a la línea que se corresponde con el madero, un símbolo que podemos identificar con la letra hebrea Samekh cuya posición en su alfabeto es la número 15. Si recurrimos de nuevo al tarot, veremos que la carta número 15 se corresponde con el diablo ¿hará alusión al señor poderoso que S Cristóbal pretendía adorar en un principio según la leyenda apócrifa? ¿Es una forma de hacer presente al Balphomet templario?

 

Por último, si recorremos de arriba abajo el cuerpo de San Cristóbal veremos que en cada uno de los chacras o donde las culturas orientales sitúan los chacras, el santo tiene una marca: en la frente una extraña medalla, un nudo de su vestimenta, un broche,…todos estratégicamente situados de tal forma que a los ojos del profano en la materia son detalles de la vestimenta sin otra importancia.

 

Dejamos ya al santo y nos fijamos en otros detalles del cuadro mucho más esquemáticamente. El niño, el Cristo que lleva S Cristóbal en el hombro. Lleva en la mano la bola del mundo dicen algunos pero ¿y si no fuera la bola del mundo? ¿y si representara el resultado de la Gran Obra o el elemento necesario para lograr la conversión alquimista?. La otra mano muestra el signo de “la liebre”, el dedo índice y el corazón formando una V. No es la V de victoria porque en la época que se pintó el cuadro, la V era el símbolo de amenaza que los arqueros medievales mostraban a sus enemigos queriendo decir “con estos dedos voy a dispara la flecha que te va a matar”, nada que ver. Se identifica con la liebre, que se esconde bajo tierra pero que está ahí. Como el cuadro mismo. Tiene significados escondidos bajo la apariencia de un simple cuadro pero ¡detente a examinarlo porque contiene grandes lecciones herméticas!. Ese sería el mensaje que el niño con los dedos en liebre envía al iniciado.

 

Un anciano en medio de la montaña. Justo a la altura de la cintura de San Cristóbal. Ha recorrido ya medio camino hasta llegar a la sabiduría total que está en el hombro del santo. Para verlo, utiliza la luz, necesita tener la luz de su lado representada por el candil que lleva en la mano derecha pero al mismo tiempo, debe saber interpretar los conocimientos adquiridos en la tierra que representa su cayado. Por tanto, el ascenso por la montaña (iniciación) debe hacerse desde la existencia humana y terrenal que brota de la propia naturaleza (como la madera del cayado o bastón) pero sin dejar de poseer la luz (sabiduría hermética) que nos ilumine durante el ascenso. Es esa misma luz la que nos servirá para iluminar y ver al Cristo que llega a hombros de San Cristóbal. De no poseer candil, el viejo ermitaño no podría convencerse de la existencia de que allá arriba, en la cumbre de la montaña a la altura del hombro del portador se encuentra la verdad absoluta que lleva a la Gran Obra.

 

Por último, los colores del cuadro: rojo (amor), blanco (luz) azul (cielo infinito, vida) forman los tres peldaños para subir al Altar definitivo y los cuatro elementos de la naturaleza indispensable para la magia y la alquimia se ven en el cuadro: tierra (montaña), agua (río), fuego (candil) y aire (nubes atmosféricas).

Pero la Catedral de Sevilla aún guarda muchos misterios en su interior…

 

 


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