Nicolás Flamel

Nicolás Flamel se trasladó a París y se instaló en la calle Saint Jacques donde realizó un buen trabajo como librero jurado.

Quizás la vida de Nicolás Flamel cambia cuando de le aparece en sueños un ángel que portaba un libro… Un libro con extraños signos. No pasaría de ser un sueño sino fuera por que una mañana de 1357 entró en su tienda un hombre con un libro, un grimorio, llamado “El libro de Abraham el judío”. Aquel hombre se quería deshacer del libro de la forma más rápida posible… Pero aquel hombre tenía la misma cara que el ángel de su sueño y Flamel conmocionado por la visión de su sueño compró aquel libro… Un libro que le enseñaría artes y prácticas secretas…

El libro estaba en otro idioma y Flamel movido por una “algo” interior irrefrenable marchó a España a aprender aquel idioma, luego a Italia… En Italia se instaló en Bolonia donde aprendió alquimia con el maestro Canches. El 17 de Enero de 1382 transformó media libra de mercurio en plata… Y el 25 de Abril en oro…

Nicolás Flamel fue escribiente, librero jurado, poeta, pintor, matemático y alquimista… Pronto se convirtió en un hombre rico, cuya riqueza parecía brotar de la nada… O tal vez de la alquimia…

Ayudaron a los pobres, edificaron hospitales y a la Iglesia. Flamel además escribió varios libros, uno de ellos “El libro de las Figuras Jeroglíficas”, un libro con un saber oculto para lograr la Gran Obra…

Flamel dijo haber logrado la Piedra Filosofal y el rey Carlos VI de Francia le contrató para crear oro para la reserva de Francia.

Flamel muere el 22 de Marco de 1418 y sería enterrado en la iglesia de Saint-Jacques La Boucherie… Aunque su muerte como su vida fue apasionante y misteriosa.

En el siglo XVII un viajero llamado Paul Lucas escribía sobre un viaje a Asia:

“En barnus-Cachi sostuve una conversación con el devis de los uzbecos sobre filosofía hermética. Este levantino me dijo que los verdaderos filósofos conocían el secreto de guardar mil años su existencia y preservarse de todas las enfermedades. Por último yo hablé del ilustre Flamel y le hice observar que el hombre había muerto a despecho de la piedra filosofal. Apenas cité ese nombre, se echó a reír de mi simplicidad. Comoquiera que yo le había dado crédito a cuanto había dicho, me asombró extraordinariamente su actitud dubitativa ante mis palabras. Al advertir mi sorpresa, me preguntó con el mismo tono si era tan ingenuo como para creer que Flamel había muerto. Y agregó: No. No. Usted se equivoca. Flamel vive todavía; ni él ni su mujer saben aún lo que es la muerte. Hace tres años escasos los dejé a ambos en la India; es uno de mis mejores amigos”.

¿Consiguió realmente Nicolás Flamel la Piedra Filosofal? ¿Logró el viejo sueño del hombre: la inmortalidad? Eso tal vez sea él quién nos lo responda.


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