La muralla de Bimini

Inmediatamente después de difundirse los resultados del informe sobre las “grato” paseo del Aluminaut frente a las costas de Florida, Georgia y Carolina del Sur, las reacciones de los científicos no se hicieron esperar. Cuestiones como quién había plantado una pista a 3000 kilómetros de profundidad, de que fecha databa la anomalía y si se trataba de una formación geológica natural o de los restos de alguna antigua estructura sumergida, formaban parte de las preguntas de rigor que cualquier investigador en el sano ejercicio de su tarea no podía dejar de plantearse. Por supuesto, y como todo enigma que se precie de tal, hasta el momento las discusiones continúan. Lo único claro es que la ruta data de unos 10.000 años de antigüedad, que se encuentra enlozada con una capa de óxido de magnesio (uno de los componentes actuales del cemento) y que ésta representa solo uno más de la multitud de casos en que supuestas formas geológicas naturales aparentan haber sido moldeadas por una mano inteligente.

Empedrados naturales

Conocida popularmente como “La Calzada del Gigante” (o “de los Gigantes”), 40.000 columnas de piedra se yerguen sobre las costas nororientales de Irlanda del Norte, formando niveles de piso empedrado, casi imposibles de distinguir, excepto por el tamaño de sus baldosas, de un adoquinado citadino moderno. Se presume que las columnas hexagonales, compuestas de basalto, surgieron tras una erupción volcánica acontecida hace unos 60 millones de años. Su impresionante y único aspecto, llevó a esta maravilla natural a ser declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986.

Sitios como La Calzada de los Gigantes pueden ser encontrados en muchos puntos del planeta, y bajo muchas formas distintas (cuadrados, rectángulos, etc.). En ocasiones, la simetría y la regularidad de las baldosas puede ser tal, que fácilmente son confundidas como producto de la ingeniera humana.

La “Rocas Waffle”

Producto de la naturaleza, del despegue de una antigua nave espacial o la base de una ruta de transito, el fragmento de suelo encontrado en las barrancas del lago Jennings Randolph en Virginia, no deja de asombrar con el caprichoso dibujo trigonométrico a los que pueden apreciar esta curiosidad de exposición permanente al aire libre. Muchos geólogos afirman que la roca waffle pudo formarse durante un lento proceso de acumulación de arenisca por las aguas de un arroyo sobre las costas, para después solidificarse y partirse durante el proceso de orogenia sucedido hace 300.000 años dando lugar a las curiosas “articulaciones” que hace a esta roca producto de las especulaciones más insólitas por parte de los investigadores. Algunos dicen que los diagramas de la roca fueron hechos por nativos, o que estos corresponden al dibujo que la parrilla de una nave espacial dejaría sobre la piedra luego de un despegue. Como fuere, se estima que la roca no es un caso asilado, sino una porción de ladera de la montaña desprendida desde una altura mucho mayor a la cual fue encontrada.

Aunque la roca waffle parece única, una roca similar fue hallada en una montaña de Pocahontas County, al oeste del estado de Virginia.

Las piedras de Cypress Hills Park

Más que un sendero, los conjuntos de piedra del Cypress Hills Park, en Estados Unidos, podrían parecer los enormes adoquines de una calzada para gigantes. De superficies rectangulares, estas piedras datan de miles de años. Algunas poseen petroglifos grabados, y otras tienen pozos llamativamente redondos. Se desconoce si el origen de esta estructura de rocas es artificial o natural.

Las Bimini: Caminos profundos

“Un extenso pavimento de piedras lisas, rectangulares y poligonales de diverso tamaño y grosor que, obviamente, habían sido diseñadas y alineadas para formar una estructura muy armoniosa. Era obvio, también, que estas piedras habían permanecido sumergidas durante un largo período, a juzgar por los bordes de las más grandes, que se habían alisado y les daban una apariencia de almohadones o trozos de pan gigantescos”. De tal manera describiría el Dr. Manson Valentine al “Bimini Road” en 1968 cuando, con asistencia de los buzos profesionales Harold Climo, Jacques Mayol y Robert Angove, descubriera en las profundidades de las Bahamas, una de las formaciones más llamativas encontradas en el fondo del mar.

Consideradas por algunos como una de las pruebas más fuertes de la existencia de la mítica “Atlántida” en las actuales Bahamas, las formaciones de roca en el fondo de las Bimini adoptan el particular esquema de una “V”.

Las rocas que componen la muralla del “Bimini Road” son básicamente bloques de piedra caliza de distinto tamaño, generalmente de base rectangular, dispuestos en forma más o menos irregular según el tamaño, pero alineados muy llamativamente según sus bordes y según el patrón de “ruta” que hace suponer un origen “no natural”.

De cualquier forma, aunque geólogos especulan que la media milla de camino de Bimini sea una estructura natural, muchos también adjudican al conjunto de bloques como parte de una muralla, un muelle, una plataforma o, simplemente, un camino. Probablemente esta hipótesis no sea tan descabellada, si se toma en cuenta el descubrimiento reciente de un segundo nivel de profundidad de la estructura.

Muchos investigadores reconocidos, tales como Gavin Menzies (descubridor de la antigua llegada de los chinos a las costas americanas) creen que las rocas del camino de las Bimini formaron, en algún momento, parte de la costa, ya se de manera natural o como parte de alguna construcción. Esta teoría se encuentra respaldada por exámenes químicos, y datarían los bloques en una antigüedad entre 2.000 y 4.000 años.

Formaciones similares a las de las Bimini pueden apreciarse en las costas de Tasmania, Venezuela, y otros lugares del mundo.

Otras estructuras como las de Yonaguni, en Japón, la ciudad de Mega en Cuba o las divisadas mediante satélite en las costas de Cornualle, al sur de Inglaterra, constituyen mucho más que simples “caminos” (naturales o artificiales) de un pasado remoto. El simple estudio de cada una de ellas, representa una tarea de años.

Más, los caminos misteriosos del pasado que hoy se pueden identificar, seguramente han de ser una parte mínima de los que aún restan por ser descubiertos. Aunque el uso de imágenes satelitales haya casi podido develar cada rincón de la superficie terrestre, el fondo oceánico aún nos esconde más de un 90% de sus formas, sus bellezas, y sus enigmas.


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