Las figuras de Acámbaro

Habría que remontarse al año 1945 para contemplar a Waldemar Julsrud paseando a caballo por su finca en el Cerro del Toro en Acámbaro, en Guanajuato. Aquel día algo le llamó poderosamente la atención: una figura semienterrada. Desmontó y la desenterró, parecía de barro, muy antigua, y con su capacidad de observación y sus conocimientos arqueológicos demostrados en 1923 cuando ayudó a descubrir la cultura Chupícuaro, no pudo reconocer la figura como perteneciente a ninguna cultura mexicana. Entonces reclamó la ayuda de un campesino para que buscara más de esas figuras, llegaron recoger casi 32000 piezas que representaban dinosaurios, gnomos, duendes, dragones, personas, “ extraterrestres”…

Pero como en el caso de las piedras de Ica siempre estaba lleno de matices: Julsrud pagó a los campesinos por cada figura que le entregaron así que estos –se cree- fabricaron las estatuillas y las hicieron pasar por recogidas de un yacimiento secreto.

En el año 1952, el arqueólogo Charles DiPeso, de la “Amerind Foundation” de Arizona, realizó un estudio en la zona y en los yacimientos, llegó a la conclusión que las figuras eran de nueva creación, es decir. Eran recién manufacturadas. También afirmó que las extrañas figuras de Acámbaro: “no mostraban las características habituales de elementos que han permanecido enterrados durante miles de años” igualmente “si hubiesen sido auténticas reliquias estarían arañadas y rotas como el resto de artefactos encontrados en esa área de México”. DiPeso entregó los resultados de la estratigrafía de las piezas que señalaba que indicaba que habían sido enterradas y rellenada con tierra que mezclaba distintas etapas arqueológicas.

Pero además Dipeso conoció a una familia local que habían estado fabricando y vendiendo las piezas a Julsrud al precio de un peso cada una desde el año 1944.

Las figuras de Acámbaro son hoy calificadas como Ooparts o “artefactos fuera de lugar”. Son los grupos creacionistas las han usado extender su creencia de que seres humanos convivieron con dinosaurios y así fechan la edad de la Tierra menos de 6000 años, la Ciencia para ellos no existe…

Otros autores de reconocido prestigios como Charles Hapgood (“El mapa de Piris Reis”) o Michael A. Cremo (“La Historia Oculta de la raza humana”) las han utlizado para apoyar sus afirmaciones que existen civilizaciones con decenas de miles de años de antigüedad.

La arqueología moderna se remite a las pruebas y su veredicto es de: Fraude.

Siempre estarán en el acervo popular las antropomorfas figurillas de Acámbaro, desde que William N. Rusell las popularizara 1955, en un texto titulado “Report on Acámbaro”. En contraposición se recabó material orgánico de algunas de ellas en forma de sedimento y sometidas a la pruebas del carbono-14 arrojaron una antigüedad de entre 3.600 y 6.500 años.

El eterno dilema de la convivencia del hombre con razas extintas, poseyendo conocimientos impensables y yendo más allá de donde la imaginación ni tan siquiera permite…


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