Una bujía prehistórica…

California, Estados Unidos, nos situamos en la pequeña localidad de Olancha, allí una pequeña tienda de minerales gestionada por Virginia Maxey, Mike Michelsen y Wallace Lane. Ellos se encargaban de recoger los minerales, de buscarlos y luego ponerlos a la venta.

 

Un 13 de Febrero de 1961 realizaron un brillante descubrimiento: una geoda cubierta por conchas marinas ya fosilizadas, al no llevar consigo la sierra decidieron volver al día siguiente. La geoda se mostró muy dura e incluso partió la sierra, pero nuestros cazadores de minerales decidieron que era una buena recompensa y el esfuerzo merecía la pena.

 

Cuando lograron abrirla quedó al descubierto una curiosa pieza… Era un objeto de metal, trabajada por el hombre, era una pieza alargada con una abrazadera o arandela hexagonal, de clara manufactura humana. La pieza estaba recubierta por otro metal que rápidamente identificaron: cobra, y una pieza de cerámica… “Qué me aspen si lo entiendo” decía Wallace mientras se frotaba la cabeza, mientras que Virginia afirmaba: “Debe llevar aquí miles de años”.

 

Cuando en su establecimiento estudiaron con más detenimiento la pieza hallada en el interior de la geoda comprobaron como además cierta parte se comportaba como un imán, esto si puso en guardia a los estudiosos que analizaron el objeto ya que aquel fenómeno de imantación era artificial y sólo se podría haber logrado induciendo corriente eléctrica a través de la pieza.

 

Cuando comenzaron a reconstruir aquel objeto todo parecía llevarles a que se trataba de una primitiva o rústica bujía pero que resumía en su rusticidad el concepto básico del funcionamiento de esta.

 

Fue el investigador Ronald J. Willis el que realizó varias radiografías a la pieza y la comparó con una moderna bujía, el resultado fue sorprendente: ambas eran muy similares incluso en su funcionamiento, pero la hallada en la localidad de Olancha tenía, al menos, 50000 años.

 

Esto resultaba ser muy difícil de creer y sin embargo la muda prueba de su realidad se encontraba bajo laboratorio… Como una burla al destino.

 

Hace 50000 años el primitivo hombre, por supuesto, no disponía de coches, ni sabía que era un imán, ni la porcelana, ni tan siquiera le preocupaba, bastante tenía con poder sobrevivir día a día… Trabajaban la piedra, la madera pero no el metal y mucho menos construían bujías…

 

Ronald J. Willis escribía sobre todo ellos: “Si no es producto de nuestra tecnología moderna, representa seguramente uno de los más importantes objetos jamás descubiertos. No imaginamos a los indios de California utilizando bujías de encendido, pese a que muchas invenciones tecnológicas pudieron haber aparecido muy temprano y haber perdido enseguida, como por ejemplo…,la lentilla de cristal de Nínive o las baterías eléctricas babilónicas”. Y es que Willis además era uno de los habituales en la revista “Informaciones Forteanas”.

 

La “bujía” hallada también es denominada “Bujía de Cosso”. Los más extremistas dicen de ella: “Es una especie de bujía de entre 100.000 a 500.000 años de antigüedad” y prosiguen en su relato de esta forma: “la bujía hallada se encontró atrapada en una roca. El hallazgo indicaría que el remoto período de fabricación del componente mecánico ya contaba con una tecnología similar a la moderna”.

Por su extrañeza y problemas científicos que plantea se le califica de Oopart (Out of Place Artifact), esa es la denominación ganada durante el siglo pasado por decenas de objetos prehistóricos hallados en distintas partes del planeta, que dado su nivel de tecnología desarticulan completamente la edad estimada mediante estudios físicos, químicos y/o geológicos. Los “oopart” se han convertido en un rompedero de cabeza para los científicos que avalan la teoría de la aparición del hombre hace unos 6 millones de años atrás, y es un deleite para investigadores aventureros y amantes de teorías no convencionales.

Sin embargo, muchos investigadores como Pierre Stromberg y Paul Heinrich, opinan que la bujía pudo haber quedado atrapada en hormigón ferroso formado por la oxidación del objeto.

El paradero del Artefacto de Coso, así como el de otros varios ooparts es, actualmente, desconocido.


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