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El Codigo Secreto de la Biblia

 

¿Puede estar nuestro destino escrito? ¿Puede existir un libro que contengo todo nuestro devenir y acontecimientos futuros? Hasta hace unos años podría haber parecido una utopía, sin embargo…


Un 19 de Marzo de 1996 se comunicaba a la Academia de las Ciencia de Israel, por parte del científico Aumann, que: “El código de la Biblia es un hecho demostrado“. Con ese “demostrado” los científicos querían decir que parecía demostrado que el texto de la Torah hebrea original contenía las pistas del futuro de la Humanidad, y estaba escrito, sólo había que saber interpretar las pistas que se habían dejado contenidas en él. Así no tardó demasiado tiempo en salir publicado el libro “El Código Secreto de la Biblia” de Michael Drosnin donde relataba todo sus hallazgos y las predicciones cumplidas o las venideras.


Drosnin diseccionaba ese código contenido en la Torah, como una inmensa sopa de letras sin espacios ni vocales, con un programa informático y un rápido motor de búsquedas, el programa diseñado para ayudar en las localizaciones proféticas era todo l oque se necesitaba para encontrar esos vestigios del pasado que hablan de nuestro futuro…, eso si: con siglos de espera hasta el conveniente desarrollo de nuestra informática en el siglo XX. Era como si se hubieran dejado esas pistas para que nuestra Humanidad, nuestra civilización las hallara… Aunque ya Isaac Newton teorizó sobre esas pistas escondidas en el texto sagrado en su época.


Michael Drosnin hablaba así de su hallazgo: “Lo único que puedo afirmar con absoluta certeza es que hay un código en la Biblia y que en un puñado de dramáticos casos ha servido para anunciar hechos que ocurrieron tal y como se había predicho. No hay manera de saber si el código será igualmente certero en cuanto al futuro más lejano. Me he propuesto aplicar aquí los mismos criterios de investigación periodística que he aplicado en otros casos. He empleado cinco años en verificar la información. No he dado nada por hecho sin contrastarlo antes. He confirmado cada hallazgo del código bíblico en mi ordenador personal mediante dos programas distintos: el empleado por el matemático israelí que descubrió el código y un segundo programa diseñado de manera independiente del primero. Asimismo, he entrevistado a los científicos que investigaron el código tanto en Estados Unidos como en Israel. Fui testigo de muchos de los hechos descritos en el libro. Cuando no fue así, el relato de los mismos se ha basado en testimonios directos o en noticias confirmadas por prensa escrita. Al final del libro hay un apartado de minuciosas notas refentes a cada capítulo, otro de notas relativas a las ilustraciones y una copia del experimento original que dio veracidad al código de la Biblia. Me he trazado el objetivo de referir cuanto está codificado en la Biblia con la misma objetividad con que habría cubierto un suceso de actualidad en mis tiempos en el Washington Post o la información sobre un consejo de dirección cuando trabajaba en el Wall Street Journal. No soy rabino ni sacerdote, ni un estudioso de la Biblia. No tengo convicciones preconcebidas pero sí un único rasero: la verdad. Este libro no es la última palabra. Es sólo el primer aviso. El código fue descubierto por el doctor Eliyahu Rips, uno de los expertos mundiales en teoría de grupos, el modelo matemático en el que se basa la física cuántica. Lo han corroborado renombrados matemáticos de Harvard, Yale y la Universidad Hebrea. Lo ha verificado un experto en descodificación del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Ha superado tres niveles de revisión por parte de una destacada publicación científica. El asesinato de Rabin no es el único acontecimiento moderno de que da cuenta el código. Además de los atentados contra Sadat o los hermanos Kennedy, en la Biblia están codificados centenares de hechos cruciales para el mundo, desde la segunda guerra mundial hasta el escándalo del Watergate, el Holocausto, la bomba de Hiroshima, la llegada del hombre a la Luna o el reciente impacto de un cometa en Júpiter. El día exacto en que el cometa chocaría con Júpiter fue descodificado antes de que ocurriera, y otro tanto sucedió con las fechas de la guerra del Golfo. Nada de esto parece ajustarse a las reglas de nuestro pragmático mundo y, puesto que no soy creyente, yo sería de los primeros en tacharlo de fiebre milenarista. Pero he estado metido en ello durante cinco años. He pasado muchas semanas junto al doctor Rips, su descubridor. He aprendido hebreo y comprobado el código día tras día en mi ordenador personal. El código de la Biblia fue descubierto en el texto hebreo original del Antiguo Testamento, es decir, en la primera versión escrita del libro sagrado. Este libro ha sido traducido a casi todos los idiomas y es hoy la base de la religión occidental. El código de la Biblia es ecuménico: su información va dirigida a todos. Sin embargo, sólo existe en hebreo, ya que éste es el idioma original de la Biblia”.


Actualmente, un gran sector de la humanidad considera la Biblia como algo folklórico, de contenido mítico, mientras que sólo la ciencia ofrece una lectura aceptable de la realidad. Otros aseguran que la Biblia, en tanto palabra divina, ha de ser cierta, y por consiguiente la que se equivoca es la ciencia. A mi entender, cuando completemos nuestra comprensión de ambas, ciencia y religión se fundirán en una y por fin tendremos una teoría unificada completa“.


Entre las relaciones de infinitas posibilidades de vaticinios que aparecen en esas claves bíblicas figuran:


  • Roosevelt, Churchill, Stalin, Hitler.

  • Francia, Waterloo, Elba.

  • Revolución, Rusia, 1917 (5678).

  • Homero, poeta, griego.

  • Shakespeare, escena, Hamlet, Macbeth.

  • Beethoven, Johann, Bach, compositores, alemanes.

  • Mozart, compositor, música.

  • Rembrandt, holandés, pintor.

  • Picasso, artista.

  • Hermanos, Wright, aeroplano.

  • Edison, electricidad, bombilla.

  • Marconi, radio.

  • Newton, fuerza, gravitatoria, gravedad.

  • Newton, código, Biblia.

  • Einstein, persona, sesuda

  • Ciencia, excelente, conocimiento, Einstein, revolucionó, realidad


En los textos religiosos más antiguos también se menciona una quinta dimensión. La llaman “profundidad del bien y del mal. El código de la Biblia ofrece pruebas científicas inapelables“, afirmaba el científico Rips y continuaba: “Contamos, pues, con la primera prueba científica de que existe, o al menos existió en la época en que fue escrita la Biblia, una inteligencia que trasciende la nuestra. Ignoro si se trata de Dios. Pero estoy seguro de que codificar información en la Biblia respecto de hechos que ocurrirían tres mil años después no está al alcance de ningún ser humano. Una inteligencia capaz de ver el futuro había codificado la Biblia. Sabía cuándo sobrevendría el peligro. Diseñó, por tanto, un código que sólo la tecnología de la época crucial podría desvelar. ¿Era, pues, éste el “libro sellado”? De hecho, el código tenía una especie de seguro temporal que garantizaba su secreto hasta tanto no se inventaran los ordenadores. ¿Habíamos logrado abrir el “libro sellado”? ¿Estábamos realmente a las puertas del tan temido “fin de los días”? El libro del Apocalipsis anuncia que la batalla final caerá sobre nosotros por sorpresa, como un ladrón en medio de la noche. En efecto, las palabras inmediatamente anteriores al Armagedón son: “Mira que vengo como ladrón.” La Biblia nos advierte de una desgracia súbita e inevitable. Sin embargo, el mensaje del código es precisamente el opuesto; nos advierte para que podamos evitar el desastre apocalíptico. Alguien escondió en la Biblia una advertencia, la información necesaria para que impidamos la destrucción del mundo. “Para ver el porvenir hay que mirar hacia atrás”, señala el libro de Isaías. Verifiqué cada uno de los próximos 120 años. Sólo dos de ellos, 2000 y 2006, aparecían claramente codificados junto a “guerra mundial”. Ambos estaban asimismo codificados con “holocausto atómico”. Eran los dos únicos años de los próximos 120 que coincidían con ambas expresiones. No hay manera de saber si la guerra que predice el código ha de estallar en el 2000 o en el 2006”.


Entre otras profecías del Código de la Biblia encontramos:


La gran depresión económica o crack del 29.

Las guerras mundiales.

Los asesinatos de los hermanos Kennedy.

El asesinato del Primer Ministro Israelí Itzhak Rabin.

El atentado de la secta religiosa en el metro de Japón con el gas sarín.

El atentado terrorista de Oklahoma.

Según Adin Steinzsaltz, traductor de textos hebreos antiguos, el Talmud (libro que contiene la tradición, doctrinas, ceremonias y preceptos de la religión judía) permanecería inalterado desde su origen –como ya hemos indicado-. Curiosamente la referencia al “fin de los días está en el rollo 22 del texto llamado Mezuzah, que ocupa un lugar central en la Biblia y que Dios ordenó poner aparte y fijarlo a la entrada de cada hogar. “Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado; las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos; las escribirás en las jambas de tu casa y en las puertas”, ordenó Dios. Y así ha permanecido inalterado.

De vital importancia para descifrar este código han sido las figuras de D. Weissmandel, hace más de 50 años, del Dr. Eliyahu Rips, experto en teoría de grupos, el físico israelí, Doron Witztum, qué completó el modelo matemático para descifrar el código y que fue corroborado por matemáticos de la Universidad de Harvard, Yale y de la Universidad Hebrea o de la revista Statistical Science (Ciencia Estadística), siendo sometido al análisis de otros expertos. El nivel de acierto fue del 99.998%”.

Rips eliminó los espacios entre palabras y convirtió la totalidad del texto bíblico original en una inmensa “sopa” compuesta por 304.805 letras. Al hacerlo, dicen que, devolvió el texto a su forma original tal y como Moisés lo habría de Dios.


Las palabras proféticas se encuentran equidistantes de forma y numeración variable dispuestas en forma vertical, horizontal o diagonal. Así el software busca la información relacionada con el texto buscado. Según el Dr. Rips: “la información contenida en él es infinita”.

El experto en decodificación del Departamento de Defensa de los EE.UU. Harold Gans dijo que descifrar el código oculto en la Biblia: “puede ser resultado de “un golpe de suerte”, debido a que “es muy difícil especificar palabras asociadas a un futuro potencial, ya que éste aún no ha sucedido. Uno está tratando de deducir el contexto en forma subjetiva, a partir de palabras, y eso no tiene nada que ver con códigos matemáticamente verificables”.

 

Quizás sean demasiado catastrofistas estas declaraciones de Drosnin pero lo cierto es que en el texto de la Torah, inalterable desde que se escribió y que contendría la Palabra de Dios tal y como Él la dicto, por tanto contendría la Palabra de Dios sin alterar y en Ella las claves del futuro de nuestra Humanidad desvelada gracias a un programa informático.


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