Si hay una zona particularmente estudiada por los investigadores ufológicos (de OVNIS) en nuestro país, ésa es la que es conocida como El Triángulo Magnético, y que comprende el entorno de las localidades sevillanas de Gerena, Aznalcóllar y El Castillo de las Guardas, en plena campiña. Este sector fue bautizado así –hace ya más de 30 años- por los conocidos investigadores de temas ufológicos Joaquín Mateos Nogales e Ignacio Darnaude. Se cuentan por centenares los avistamientos que han sido registrados en dichas localidades, convirtiéndose por tanto en una de las zonas más relevantes de España en avistamientos y contactos OVNI.
No es de extrañar, pues siempre han destacado unas zonas por encima de otras a la hora de manifestaciones de este tipo, donde los OVNIS parecen encontrar un placer especial a la hora de aparecer. Y sin duda este Triángulo Magnético es uno de ellos, por sus especiales características y sucesos que allí han acontecido.
En todos estos años se ha podido experimentar de todo: avistamientos de luces, colores y formas no habituales en el cielo, encuentros con seres extraños de aspecto no terrestre, abducciones, etc. Por ejemplo, son famosos los casos de la persecución OVNI a Adrián Sánchez hasta que llegó a El Castillo de las Guardas, o un asombroso encuentro con casi ochenta criaturas de aspecto humanoide que descendieron de una nave en medio de una huerta –caso vivido por Juan El Palmareña-, o asimismo el enorme número de avistamientos en la zona desde hace ya muchísimos años, destacando la gran cantidad de demostración ufológica que se desarrolló en dicho triángulo entre los meses de diciembre de 2002 y enero de 2003, algo de lo que ahora hablaremos.
Unos testigos, que prácticamente coinciden en todos sus testimonios con otras personas que también vivieron estas experiencias en dicho Triángulo, describen avistamientos de objetos voladores no identificados de forma triangular, con tres luces de color rojo en sus vértices y sin parar de girar, manteniéndose a unos 20 metros del suelo. Según estos testigos, las luces rojizas se tornaron en otras de color azul verdoso y blanco, y pertenecían a un objeto imposible de confundir con un avión o algo semejante. Incluso algunos de estas personas han repetido experiencia en la misma zona, llegando a tener avistamientos no sólo de las naves, sino de sus tripulantes: criaturas de cierto aspecto humano y brillante.
Algunas de estas personas, asustadas por esta impactante experiencia, decidieron pedir asesoramiento al experto en ufología Joaquín Mateos Nogales, que una vez en la zona con dichos testigos también presenció la llegada de estas extrañas luces. Relata que todos vieron una luz anaranjada que se iba desplazando hasta un campo de olivos, colocándose a poca altura sobre éstos y a partir de entonces fue vibrando y cambiando los colores de dichas luces. Uno de los testigos comenzó a hacer señales con las luces del coche y la luz respondía a su vez como si quisiera comunicarse con ellos.
A lo largo de este período de tiempo ya señalado, continuaban sucediéndose los avistamientos de objetos volantes no identificados. Como algunos testigos pensaron que tal vez podía tratarse de algún tipo de globo sonda o antena, los investigadores Rafael Cabello y José Manuel García Bautista comprobaron si en la zona podía haber algo que llevara a ese tipo de confusión, llegando a la conclusión de que no había nada de ese tipo y que había que descartar la actuación de cualquier objeto humano o las condiciones atmosféricas y meteorológicas, que no habrían tenido nada que ver.
Durante esos dos meses de 2002 y 2003, las luces extrañas incluso no sólo se dejaron ver desde el cielo, a varios metros sobre el suelo, sino que llegaron incluso a perseguir a más de un automóvil por la carretera, acosando y agobiando a sus ocupantes, que llegaron a ver a los del raro vehículo, describiéndolos como de aspecto nórdico y extrañamente idénticos, casi albinos y de pelo largo. Lo más singular de todo es que hicieran las maniobras de despiste que hicieran los testigos, siempre se encontraban de frente al coche acosador, sembrando una terrible angustia en dichas personas.
Las experiencias de este tipo continuaron en la zona hasta el 12 de enero de 2003, fecha en que se produjo la última que además fue bastante sorprendente, puesto que dos testigos vieron una luz roja que se aproximaba al pantano existente en la zona. Advirtieron cómo se paró encima del mismo y, mientras surgían las interferencias en la radio de su coche, se elevaba una columna de agua en forma de espiral hacia la luz de color roja, como si fuera un remolino. Tras un par de minutos, la luz ya no absorbió más agua y se alejó con una estela de luz.
Los investigadores han consultado a expertos de observatorios astronómicos, controles de vuelo de los aeropuertos de Sevilla y Jerez, el centro de meteorología de Sevilla, Protección Civil, etc., y la conclusión que han extraído es que no se encuentra ninguna explicación racional, ni se puede decir que estos episodios hayan sido protagonizados por objetos terrestres, clasificando estos objetos brillantes y de luces cegadoras como OVNIS: objetos voladores no identificados. Un misterio inquietante que nos acompaña desde hace ya muchos años y que parece que encuentra especial acomodo en esa zona de la campiña sevillana conocida como El Triángulo Magnético.