El GEO600 es el detector de ondas gravitacionales más importante del mundo, y se encuentra en Alemania, aunque su nacionalidad es en realidad germano-británica. Este aparato sirve para reconocer las ondulaciones en el espacio-tiempo que generen objetos astronómicos de gran densidad, tales como agujeros negros o estrellas de neutrones.
Los científicos que llevan casi ocho años estudiando la hipotética detección de este tipo de ondas gravitacionales, de momento no han sido capaces de detectar ninguna, aunque no se han rendido. Precisamente esta tenacidad sea la que haya dado sus frutos, o se esté a punto de conseguirlos. Y es que durante mucho tiempo los científicos han notado un ruido de fondo cuyo significado, ahora, parece que indica que el GEO600 ha advertido el límite entre un espacio-tiempo continuo para pasar a uno más difuminado.
La sorprendente conclusión a la que llegan los científicos es que el Universo parece comportarse como un gran holograma, es decir, como si, al igual que tantos hologramas que conocemos, como los de las tarjetas de crédito, reprodujera una imagen en tres dimensiones a raíz de la luz que le llegue. Esto se aplica al universo en el sentido de que el ruido que advierte el GEO600 lo percibimos como una proyección holográfica de una superficie en dos dimensiones.