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Las claves de las posesiones diabolicas y el exorcismo

Desde hace cientos de años, y en prácticamente todas las sociedades humanas, se ha creído en las posesiones diabólicas, es decir, en la capacidad de un espíritu de carácter maligno para poseer a seres humanos, y en la imposibilidad de que nadie, exceptuando los exorcistas, sean los únicos capaces de expulsar a estos espíritus. Por tanto, es normal que todas las culturas hayan intentado encontrar una manera de acabar con estos fenómenos extraños.

Ya los egipcios practicaban ritos para protegerse de estos seres amenazadores, así como en Asiria y Babilonia, donde por ejemplo se pasaba el supuesto espíritu a un objeto, rompiéndolo o quemándolo posteriormente. Por tanto, desde hace ya miles de años, se cree en estas posesiones diabólicas y se ha estudiado la manera de eliminarlas.

La forma de manifestarse de estos espíritus es bastante diversa y terrorífica: olores extraños, gritos horripilantes, muebles que se desplazan y objetos que vuelan por la habitación, contorsiones bruscas del cuerpo del endemoniado, frases en lenguas totalmente desconocidas por el poseído, etc.

Centrándonos en la religión católica, que ha sido la que más ha luchado contra este fenómeno, los expertos en este tipo de posesiones señalan que sólo uno entre cada mil casos presentados resulta verdadero. En estos casos reales, son habitualmente los obispos las únicas personas que tienen potestad para autorizar los excorcismos, siempre con el asesoramiento de psicólogos y parapsicólogos serios y de reconocida solvencia.

Eso sí, no sólo esta Iglesia es la que ha luchado contra las posesiones diabólicas contra el exorcismo, sino también ha sido un problema tratado de solventar por la anglicana.

El ritual del exorcismo ha variado poco en el transcurso del tiempo. La persona que practica el exorcismo, es decir, el exorcista, se ha de dirigir al demonio que habita dentro de la víctima, y, enérgicamente, ordenarle en nombre de Dios que salga fuera de ella. Ya si este espíritu diabólico no quiere colaborar y proliferan las señales de la posesión, entonces es cuando el exorcista juega un papel fundamental, tanto a la hora de manejar los símbolos sagrados, como a la hora de ser fuerte y luchar cuerpo a cuerpo contra ese espíritu diabólico, que en más de una ocasión le hará flaquear, provocándole, incluso, crisis de fe.

La fórmula de exorcismo que habitualmente es más usada por la Iglesia Católica data de 1614, está contenida en el Rituale Romanum y se dice en voz alta en latín. Su traducción aproximada sería:

“Yo te exorcizo, espíritu inmundo, toda incursión del adversario, todo espectro, toda legión, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Despréndete y huye de esta criatura de Dios. Esto está ordenado por quien te hizo precipitar desde lo más alto de los cielos a lo más profundo de la Tierra”.

Estos casos de posesiones diabólicas son actualmente muy numerosos, haciendo volar la imaginación de muchos, entre ellos numerosos escritores y guionistas de cine, que con profusión de medios y grandes resultados han plasmado en obras como El exorcista, Carrie, o El exorcismo de Emily Rose -basada en un caso real- estas horripilantes experiencias. Lo malo es que esta divulgación también ha provocado la proliferación de estafadores y gentes que, con el fin de estafar, se hacen pasar por exorcistas sin tener conocimientos de parapsicología, psicología, y ni tan siquiera de exorcismo, lo que ha llevado incluso a la muerte a personas inocentes en atroces rituales.

Por otro lado, desde el punto de vista médico y psicológico, este tipo de posesiones deben incluirse dentro de una serie de trastornos que hacen que aparezcan elementos autónomos que llegan a cambiar la personalidad del endemoniado y que provocan que surjan facetas insospechadas del mismo. El fundador de la neuropatología moderna, Jean Martin Charcot, estudió estas posesiones y muchas las circunscribió dentro de la histeria. Esto de todas formas no hace que la medicina siempre pueda explicar los fenómenos de este tipo, por lo que muchos doctores decidieron y aún hoy en día deciden remitirlos a las autoridades religiosas para que éstos practiquen los correspondientes exorcismos.

Qué duda cabe que tanto este tipo de posesiones como el ritual que intenta sacarlos de los cuerpos de sus víctimas se ven envueltos en un halo de intrigante misterio…


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