Ambite es un pequeño pueblo madrileño con vistas al río Tajuña. Además del Ayuntamiento, alguna que otra plaza y las casas de corte tradicional, podemos encontrar lo que se conoce como el Arco de los Ojos, construido por Federico Díaz Falcón en honor de las personas que donan sus ojos o que tienen problemas de visión. Fue un hombre adelantado a su tiempo, viajero y bohemio, uno de los primeros españoles en viajar al Círculo Polar Ártico y tachado de chalado por muchas personas. A mediados de los años sesenta, comenzó su obsesión casi enfermiza por los ojos y decidió erigir este monumento en honor a las personas invidentes y a las que cuidaban de la vista de los demás. Díaz Falcón falleció en 1982 y fue enterrado en Ambite.
El Arco de los Ojos, terminado a finales de la década de los sesenta, está formado por tres arcos unidos, siendo los dos laterales más pequeños que el central. En principio estaba decorado por unos 250 azulejos, aunque el tiempo y, sobre todo los gamberros, desgraciadamente han hecho disminuir este número. Lo más sorprendente de todo es lo peculiar de la decoración de los azulejos: todos mostraban y siguen mostrando (los que aún aparecen en los arcos), ojos de muchos colores y distintas formas.
Estos azulejos, que encargaba Díaz a fábricas de Manises y Talavera, estaban diseñados por el propio escritor, pero la ejecución de los mismos corrió a cargo del pintor y ceramista Rafael García Bodas. Para construir los arcos, se asoció con Ángel López, siendo éste último un vecino del pueblo, especialista en pequeñas obras y construcción en la pequeña población madrileña.
El Arco de los Ojos está hecho de ladrillos recubiertos de cal, y tiene unos tejadillos que a duras penas resguardan del sol y la lluvia a los azulejos que aún lucen en la fachada. Los tres arcos están rematados por tres espadañas que quizá albergaron campanas en su momento, y cada uno tiene su propia puerta, presentando hornacinas a sus lados. Alrededor, un abandonado jardín que cuenta con unos pocos cipreses, aunque en principio, al concluir la obra, sí era muy completo y cuidado, y estaba rodeado de una empalizada hecha de madera.
En la actualidad, el Arco de los Ojos está en un lamentable estado de conservación, aunque el Ayuntamiento de la localidad quiere hacerse cargo del mismo una vez llegue a un acuerdo con los herederos de Federico Díaz, algo que parece bastante probable. Por otro lado, los fundadores de la revista Blank Magazine, con sede en Madrid, al parecer pretenden recaudar fondos para restaurar el monumento.
En estos sorprendentes azulejos se suceden los refranes, las frases populares, proverbios, máximas, moralejas, acertijos y citas que aluden en exclusividad a los ojos y las miradas. Todos ellos, naturalmente, aderezando esa colección de ojos que nos miran, inquietantes.
Algunas de las frases que puede encontrar el desconcertado visitante al llegar al Arco son: “Bienvenidos a Ojoslandia. Gracias por visitarnos. Entre los árboles encontraréis una fuente de paz y esperanza”. O bien: “Bienaventurados los que donan sus ojos, y los ciegos, porque ellos verán a Dios y el Universo”.
Según cuentan los vecinos del pueblo, a Federico se le pasó la obsesión por los ojos y comenzó a descuidar el monumento, pero otros cuentan que esa fijación nunca le abandonó.
Nadie sabrá nunca, puesto que Federico falleció hace ya 25 años, qué misterio esconden esas enigmáticas miradas y los iris inquietantes de los Arcos de los Ojos de Ambite. Aunque -mientras no los sigan dañando y haciendo desaparecer-, siempre estarán ahí para vigilarnos con su atenta mirada.