Entendemos por Nicromancia todo el conjunto de Saber oculto que tiene como objetivo la adivinación mediante la consulta, o invocación, a seres fallecidos, teniendo como eje de su estudio a la muerte y al plano espiritual o psíquico de aquellos que pasaron al otro lado de la vida. En términos menos iniciados la nicromancia es sinónimo de la cara oculta de la magia: la magia negra.
Los orígenes de la nicromancia, o negromancia, habría que buscarlos en las antiguas culturas mesopotámica y egipcia, donde ya se practicaban diferentes ritos mediante la invocación o llamada a los espíritus de los muertos creyendo firmemente en la mística sobrenatural de los mismos. En aquellos ritos primigenios siempre destacaba la figura de un mago mayor el cual tenía en su haber el Saber secreto de la llamada a los muertos.
En la Biblia se describe igualmente a la mítica Bruja de Endor (famoso por prestar su nombre milenios después a un barco fantasma), una nicromante que invocó al espíritu de Samuel y que sería una de las primeras referencias de la Nicromancia. Dentro de los textos sagrados encontraríamos igualmente, en el Deuteronomio, estas practicas en el pueblo cananita y la persecución que sufrían los mismos por ello. Aunque también tenemos referencias de ellos con las míticas brujas de Tesalia,de las romanas Canidias, o los misterios del triple Hécate.
Si seguimos caminando en la Historia de nuestra Humanidad encontremos nuevos ejemplos de nicromantes. Estrabón lo cita como practica usual en la cultura Persa y en toda la zona de influencia del antiguo imperio conquistado por Alejandro Magno.
La Literatura también nos habla de ello en “La Odisea”, de Homero, cuando Odiseo se adentra en el reino de los muertos invocándolos según las enseñanzas de Circe, la nicromante.
La Mitología no se escapa al oscuro poder de esta Magia y es propio Odín (mitología germano-escandinava) invoca a los muertos para que le realizaran las predicciones del futuro…
¿Cuántas veces visitó Alejandro magno el conocido oráculo de Delfos? Allí las “pitas” (pitonisas) entraban en contacto con otras realidad, con los mundos perdidos del más allá y, decían, tener visiones sobre el futuro.
Quizás, en tiempos más modernos, todo lo que se ha divulgado bajo “magia negra” llega tocado por el halo de crueldad, terror y deshumanización que supone su simbiosis con otros ritos, rito africanos o caribeños, crisol de religiones, culturas y ritos ancestrales…Vudú, Palo Mayombe, Santería… Que provoca recelos y miedo en aquellos que desconocen dichas prácticas.
Curiosamente en una sociedad moderna, con libertad de credos, dentro de determinadas religiones (una de ellas el cristianismo) condenan las practicas ocultistas y la denominada “magia negra” al relacionarla directamente en cultos y ritos de adoración al Mal, al Diablo, incumpliendo así uno de los Diez Mandamientos de dicha religión. Igualmente condena la manipulación mental de un ser humano en pro de un beneficio, criterio o hechizo que someta su voluntad, y que es otro de los preceptos de la nicromancia.
El Nicromante es aquel que conoce los secretos, los ritos ocultos, la tradición por la cual puede invocar a los muertos o incluso al Demonio y lograr su control mediante determinadas ceremonias. Hemos de remontarnos al medievo, en su época más oscura, para comenzar a familiarizarnos con el término “Pacto con el Diablo” o “Pacto Satánico”, entendiendo al Demonio como un sirviente que te concede su “gracia” a cambio de tu valor más preciado: el alma.
En este fragmento de Zahed nos muestra a las claras esa antigua tradición: “…En el infierno, reino de la anarquía, es el número el que hace la ley, y el progreso se verifica en sentido inverso, es decir, que los más avanzados en el desarrollo satánico son los menos inteligentes y los más débiles. Así, una fatal ley impulsa a los demonios a descender cuando creen y desean subir. Aquellos que la iglesia llama “Monarcas” y “Señores del infierno”, son los más impotentes y los más despreciados de todos…”
Así pues siempre hubo una guerra entre el Bien y el Mal, donde el Nicromante está llamado a ser aquel que conoce la tradición oculta, los ritos de la llamada a la Muerte, de jugar una baza de reacción ante lo que algunos definen como el “Mal”, en el eterno juego de la Vida con la Muerte.