¿Y que nos depara el destino?


Esa misma inquietud comparte el hombre desde que pisó por primera vez la faz de la tierra, o al menos, cuando comenzó a tener cierto grado de conciencia de lo que le rodeaba, incluyendo su propia existencia y el paso de los días en los que realizaba las tareas oportunas y dispuestas. Creo que en esa época que podemos llamar la “Edad de Oro”, y que se remonta a miles de años en la antigüedad, cuando no habían armas ni tanta población ya que no se necesitaba más de lo que la propia naturaleza nos podía servir, había igualmente interés por conocer si todo aquello que hoy consideraríamos “paradisíaco” continuaría en el tiempo o se vería truncado por algún acontecimiento de la naturaleza, en aquella época más bien adjudicado a los Dioses, ya que no era concebible la idea de dejar al libre criterio caprichoso de la naturaleza semejantes actos que podrían ser considerados de barbarie, como pueden ser tifones, huracanes, terremotos, etc.


Pero tales cuestiones sobre el futuro eran más bien realizadas casi en la intimidad…


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