Detectives psíquicos, videntes y servicios secretos


Dotado desde su infancia de poderes que podríamos definir como paranormales, Croizet, tuvo una vida azarosa: luchó en la IIª. Guerra Mundial y estuvo confinado en un campo de concentración en dos ocasiones, allí, bajo esa experiencia vital tan dura, desarrolla y se autoconvence del poder que es capaz de desarrollar. Años después, en una conferencia del parapsicólogo y profesor Tenhaeff, pide ser “sujeto voluntario de experimentación”. Su momento llegaría cuando en 1949 la brigada criminal pide a Tenhaeff que envíe a varios de sus “sujetos de laboratorio” al tribunal de Hertogeribosh para una prueba en un casos en el que resultaron asesinados varios menores. Curiosamente antes de llegar al tribunal, Gerard Croizet, hace un dibujo casi perfecto del caso indicando pistas verdaderas, todo ello –junto con lo inusual del método usado por la policía- hace que el sospechoso no sea condenado pero se gana el respeto y la confianza de jueces y policías quienes lo acogerán como un preciado colaborador hasta su último día de vida.


En 1961 desapareció una niña de seis años llamada Edith Kiecorions, en Nueva York, se sospecha que ha podido ser raptada y se llama a Croizet para solicitar su ayuda. Gerard Croizet comunica que sólo necesita una foto de la niña, al recibirla contacta con la policía de Nueva York y, lamentablemente, afirma que la joven está muerta describiendo exactamente el lugar donde se encuentra. Igualmente describe a su asesino y su posible paradero. La niña es hallada en el lugar señalado por el detective psíquico, cruelmente torturado; se halla al criminal que encaja con la descripción del vidente holandés, el caso estaba resuelto.


En Abril de 1963 se produce un caso similar al norteamericano en La Haya, nuevamente el vidente describe el estado del desaparecido y donde se encuentra, el acierto es pleno y la prensa lo publica el 23 de Abril de aquel mismo año. Se convirtió en el vidente de la policía o, como a él le gustaba denominarse, el “detective psíquico” de la policía.


Más conocido es el caso del temido “Estrangulador de Boston”. Atendía al nombre de Albert de Salvo y entre el 14 de Junio de 1962 y el 4 de Enero de 1964 cometió trece asesinatos de mujeres que previamente habían sido violadas. Las víctimas oscilaban entre los 19 y los 85 años de edad. Los inmuebles donde se hallaban las víctimas eran su propio domicilio, y De Salvo los revolvía para la sensación de un robo, posteriormente estrangulaba a las desdichadas con un cordón o media de seda… Pero pese a los esfuerzos denodados de la policía los crímenes siguieron perpetrándose.

Sin muchas opciones la policía de Boston aceptó la ayuda de Peter Hurkos, un vidente que en 1961 fue incluido entre los colaboradores de la fiscalía general de Boston para resolver este caso. A Hurkos se le facilitaron fotografías de las escenas de los crímenes y objetos de los mismos. Hurkos comenzó a describir los detalles más insignificantes de los asesinatos, detalles que no se habían filtrado a la prensa… Peter Hurkos abrió una línea de investigación a incluir entre los posibles asesinos a Thomas O´Brian, que aunque parecía implicado resultó ser inocente de la acusación. Poco tiempo después fue detenido Albert de Salvo tras ser sorprendido entrando en una vivienda, De Salvo, con graves secuelas psicológicas de su infancia y con antecedentes penales más una disociación metal severa, se mostraba como el candidato perfecto para ser acusado. Fue condenado a cadena perpetua en 1966 y asesinado en la cárcel en 1973. Peter Hurkos sostenía que De Salvo no era el “estrangulador de Boston”.

Los servicios secretos comenzaron a tomarse en consideración la ayuda de estos videntes o detectives psíquicos para sus propósitos de espionaje, tras las experiencias en Rusia de Nina Kulagina con el desplazamiento de objetos “mediante el poder mental”, la KGB (servicio de espionaje ruso) comenzó sus practicas militares con videntes y sensitivos. La CIA mediante el general Albert Stubblebine o el mayor Ed Dames llevó a cabo su propio sistema de entrenamiento psíquico, en este caso el elegido para tales enseñanzas fue Ingo Swan ,procedente del Stanford Research Institute. Junto a él, un elegido grupo de soldados voluntarios practicaron la visión remota, proyecciones de conciencia, viajes astrales controlados y una larga lista de experiencias psíquicas al servicio del Gobierno y del espionaje en plena Guerra Fría.

En España el antiguo CESID, actualmente el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) tampoco es ajeno a estas prácticas. El caso mitificado de UMMO (una presunta quinta columna extraterrestre en nuestro planeta, que causó furor a finales de la década de los 60 del pasado siglo) es atribuido a las estrategias del SECED para implantar en un determinado núcleo poblacional un sistemas de creencias, en este caso de extraterrestres. Siendo así también han recurrido a los denominado espías o detectives psíquicos. El propio excoronel Juan Alberto Perote confesaba como los servicios secretos habían acudido a algunos reputados videntes durante el secuestro de Emiliano Revilla en pro de su localización y liberación ante la falta de pruebas. Igualmente la policía no es ajena a estas prácticas tal y como atestigua el padre jesuita ( y parapsicólogo) José María Pilón quién habría ayudado a los cuerpos de seguridad del estado en numerosas ocasiones en casos como el de Javier Ybarra (1977) antes de ser ejecutado por ETA.


Un caso conocido es el del mentalista Uri Gellerquién afirma haber estado al servicio de CIA o MOSSAD (servicio secreto israelí).


En España la tradición psíquica al servicio del Estado tiene tradición, en 1948 Antonio Álvarez de Linera (Catedrático de Filosofía y profesor de Psicología) publicaba en el Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales un trabajo que llevaba por título: “Lo parapsicológico en la investigación criminal” en su trabajo se defendía el uso de los llamados “detectives psíquicos”.


Hemos de hacer una mirada retrospectiva y recordar el caso del secuestro y muerte de la madrileña Anabel Segura, en aquella ocasión el equipo de videntes que trabajó para la CIA (el General Albert Stubblebine, del Comando de Inteligencia y Seguridad; Dawn Evans, jefa de producción de una empresa de seguimiento de misiles y ex-analista de inteligencia y el Sargento Lynn Buchanan, del Servicio de Inteligencia Militar) trató de localizar a la joven “secuestrada”, el resultado fue infructuoso… La joven y bella madrileña había sido asesinada. Sin embargo los cuatro videntes parecían haber acertado en su predicción sobre la muerte de la joven a emitir un informe en Agosto de 1993 sobre la luctuosa noticia.

 


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