El misterioso monje francés

Todo lo que allí ocurrió, y que comenzó en aquellos días de julio del 55, y continuó más adelante, fue recopilado y estudiado por Tocquet. La señora, testigo de unos hechos escalofriantes, no quiso hacer público su nombre y a sugerencia del parapsicólogo, accedió a ser conocida como Madame V.

Madame V. se alojó en El Priorato junto a sus dos hijos, Gaston, de 30 años, y Jean, de 20, el 6 de julio de 1955. Una vez allí, la señora se instaló en la que había sido la habitación del prior. Pasados cuatro días, el fantasma de lo que parecía un monje encapuchado y sin manos se le apareció a Madame V.
Ésta comentó acerca de aquella espeluznante experiencia: “Aquella noche del 10 de julio, vi por primera vez vagar por mi habitación una sombra oscura, formada por una niebla opaca, detrás de la cual parecía haber una luz. Aquella sombra, de forma humana, llevaba una larga vestimenta, un manto, y parecía tener la cabeza cubierta por una capucha. La sombra avanzó lentamente hacia mí. Presa de espanto, me senté en la cama, con la espalda contra la pared y la garganta seca. Estaba helada pero al mismo tiempo sudaba. Quise levantarme, gritar, pero ningún sonido salía de mi boca: un terror indescriptible me mantenía clavada allí.
La sombra avanzó hasta situarse ante la chimenea, entonces se arrodilló y yo sentí el golpe de sus rodillas contra el pavimento. Se prosternó tres veces, con las mangas juntas, en un gesto de súplica. Después de permanecer mucho tiempo arrodillada, se prosternó de nuevo tres veces más, se alzó poco a poco y se encaminó hacia la puerta de una pequeña habitación que se encuentra al lado de una alcoba. Pocos segundos después noté como la caída de un cuerpo a tierra, dentro de la pequeña habitación”.
Madame V. pasó una noche horrible, hasta que por fin pudo calmarse paulatinamente conforme la luz del día entró en su dormitorio. Pensó que a pesar del terrible miedo que había experimentado, le quedaba el haber hablado con la aparición, si es que esto fuera posible. Al cabo de unas cuantas semanas, estando ella ya acostada, la puerta se abrió muy despacio y el fantasma del viejo monje, con un fuerte olor a humedad y a moho, entró de nuevo en su cuarto.
El espectro lloraba y a pesar del pánico, Madame V. sintió lástima. Notó como el fantasma daba tres golpes en el suelo con la cabeza, y a la vez, una voz muy lejana y rara proclamaba: “Dios mío, misericordia, tened piedad de mí; tened piedad, Dios mío; perdonadme, Jesús”.
La mujer, a pesar del miedo, comenzó a dialogar con el espectro. El monje le echó en cara que se alojara en un sitio que en realidad era la casa de los religiosos, y, posteriormente, hizo una serie de profecías. El monje reveló que la Tierra estallaría por guerras y por la sinrazón de los hombres, y que Europa, Asia, parte de América y África se sumergirían, quedando sólo emergida Sudamérica.

El fantasma también se refirió a él mismo: le contó a Madame V. que le habían matado los revolucionarios de la época, que le cortaron las manos y lo emparedaron. Le rogó que orase por él. También le habló de un cautivo al que había dejado que muriera en un calabozo, y de la pequeña escultura de una Virgen que estaba rota y enterrada en un lugar del jardín. Posteriormente, fue encontrada en el sitio que había indicado el monje.

La mujer empezó a adelgazar. Su cara se mostraba pálida y denotaba gran nerviosismo. El parapsicólogo Tocquet le recomendó que contara todo lo que había pasado a sus hijos que, naturalmente, no le creyeron. Pero Jean, el menor, también llegó a verlo y ya entonces sí se dieron cuenta de que lo que decía su madre era verdad. Tocquet les pidió que por favor intentaran fotografiar al fantasma y que lo tocaran. Jean logró hacerle dos fotos el 26 de octubre de 1959 y un mes más tarde, Madame V. se chocó con el monje en una escalera.

La señora, bastante aterrorizada, le colocó la mano en la cintura para poder tocarlo, sintiendo un golpe bastante grande en su propia cintura y un frío polar mientras el espectro se diluía ante ella. Su hijo Jean fue testigo de todo esto, y también de otro fenómeno: las manos de la mujer se hincharon, advirtiendo un dolor intensísimo, como si se le hubieran quemado las manos por el frío glaciar que había notado. Durante dos meses las manos estuvieron así.
Madame V. explicó a Robert Tocquet que “El fantasma estaba formado por una especie de vapor glacial, ligeramente viscoso. Por debajo no había nada, ningún esqueleto, que era lo que yo pensaba encontrar”.
¿Qué misterio encierra realmente la aparición de aquel monje? Quizá nunca lo sabremos.


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